El Verdadero Significado de Pentecostés

Es Domingo de Pentecostés. 50 días han pasado ya desde la Pascua en que Jesús resucitó. De hecho, la palabra pentecostés viene del griego penhékonta que significa justamente, 50.

El Domingo de Pentecostés también se conoce como Domingo de Trigo, porque 50 días después de la Pascua los judíos celebraban la fiesta del Shabuot, una fiesta agrícola para dar gracias por la cosecha del trigo.

Posteriormente, el Shabuot tomó el sentido de conmemorar el aniversario de la institución de la Ley que Moisés recibió del Señor en el Sinaí (Ex 19,3-20).

Fue precisamente ese día, que el Espíritu Santo descendió sobre María y los apóstoles en el Cenáculo. Justamente en el cenáculo, donde Cristo instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio y donde estableció la Ley del Amor.

El Espíritu Santo se posó sobre ellos como llamas de fuego, y cada uno de los apóstoles comenzó a hablar lenguas distintas, y más de 3,000 personas se convirtieron, según refiere Lucas en sus Hechos de los Apóstoles.

La Solemnidad de Pentecostés es para nosotros el cumpleaños de la Iglesia, pues fue en la fiesta de Pentecostés cuando la Iglesia nació como obra y gracia del Espíritu Santo. Hay dos claves teológicas que no podemos dejar de lado: En primer lugar, el Espíritu Santo descende y la Iglesia nace. Desciende en ese momento en el Cenáculo para que la Iglesia nazca entre María y los apóstoles. Este descendimiento del Espíritu Santo para convertir un grupo de apóstoles en Iglesia, nos recuerda cada vez que el Espíritu Santo desciende para transformar algún elemento en sacramento, pensemos simplemente en la consagración del pan y el vino para transformarse en la Eucaristía. Así, al descender El Espíritu Santo sobre esta comunidad formada por María y los apóstoles, se transforman en sacramento de salvación. La Iglesia que hoy nace es pues, sacramento de salvación.

La otra clave teológica la encontramos en el hecho de que este acontecimiento tenga lugar precisamente el día del Shabuot, cuando los judíos conmemoraban la institución de la Ley de Dios en el Sinaí en alianza con el pueblo de Israel. Jesús dijo que no había venido a abolir la Ley, sino a darle cumplimiento y plenitud. Así, justo en esta fiesta, nace la Iglesia, dándole plenitud a la Ley del Sinaí.

Desde un punto de vista bíblico, lo que los Hechos de los Apóstoles nos refieren sobre lo acontecido en Pentecostés, es la antítesis de lo que sucedió en Babel en el Libro del Génesis (Gn 11,1-9). Recordarás que en aquellos días los hombres trataron de hacer una torre muy alta, no como empresa arquitectónica sino como fruto de una arrogancia comunitaria. El Señor consideró que de culminar su obra majestuosa, se olvidarían incluso de El, y decidió confundir sus lenguas. Babel significa confusión. Las personas al no comprenderse más, se dividieron en naciones iniciándose así justamente “la era de las naciones”. Ahora en Pentecostés, al los apóstoles hablar distintas lenguas, comienzan por convertir a 3,000 personas. La Palabra de Dios a partir de este momento,irá uniendo a las naciones que se dividieron por hablar cada una distintas palabras.

El Domingo de Pentecostés, entre la Segunda Lectura y la Proclamación antes del Evangelio, rezamos una bellísima Secuencia especial para invocar al Espíritu Santo en este día tan grande para la historia de la salvación. Vale la pena poner atención a cada verso de esta hermosa secuencia. Y a la vez, hacer nuestras sus palabra y con ellas entrar en diálogo sublime con el Espíritu Santo que hoy desciende sobre nosotros:

Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

¡Apasiónate por nuestra fe!

-Mauricio I. Pérez

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La Canonización del Papa Juan Pablo II y los Crímenes de Marcial Maciel

¿Puede la confianza de Juan Pablo II en el fundador de la Legión de Cristo poner en entredicho su santidad?

Mauricio I. Pérez | 25.04.14

El Domingo de la Divina Misericordia de 2014 será recordado por la histórica canonización de dos papas: Juan XXIII, el Papa Bueno y Juan Pablo II el Grande. La fecha de la canonización no ha sido escogida al azar: Juan Pablo II mismo instituyó la fiesta de la Divina Misericordia cuando visitaba en Polonia el lugar donde santa Faustina recibió del Señor la consigna de promover la devoción a su Divina Misericordia. Juan Pablo II fue un gran devoto de la Divina Misericordia y por ello instituyó esta fiesta. El Señor le concedería años después morir y entrar al Cielo justamente en la víspera del domingo de la Divina Misericordia. Es decir, al comienzo de la fiesta misma. Resulta por todo esto imposible disociar la vida, muerte y entrada al cielo del nuevo beato de la Divina Misericordia del Señor.

El decreto de beatificación fue emitido tras reconocerse formalmente que se obró un milagro por intercesión del Juan Pablo II. El avanzado Parkinson de la religiosa Marie Simon Pierre Normand fue inexplicablemente curado tras pedir la intercesión de Juan Pablo II por su salud. El decreto de canonización por su parte, se ha emitido tras reconocerse la curación inexplicable, por intercesión del ya beato Juan Pablo II, del aneurisma cerebral de Floribeth Mora. Esta curación sucedió precisamente el 1 de mayo de 2011, misma fecha en que Juan Pablo II fuera declarado beato por el Papa Benedicto XVI.

Vemos sin embargo que, pese al gozo de la Iglesia por el anuncio de este gran acontecimiento, muchos hay, católicos y no, que protestan o al menos ponen en entredicho la canonización pues afirman que habiendo encubierto al fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel, la santidad del Papa queda anulada.

Marcial Maciel siempre gozó de la confianza y del cariño del Papa Juan Pablo II. Maciel fue fundador de la Legión de Cristo y el movimiento Regnum Christi en 1941 y 1951 (originalmente la Legión de Cristo recibió el nombre de “Misioneros del Sagrado Corazón y la Virgen de los Dolores”). Pero fue acusado en los noventas de haber abusado sexualmente de seminaristas además de que se reconoció públicamente en 2009 que había tenido al menos una mujer y algunos hijos. Igualmente se sabe que fue adicto a la dolantina, un derivado de la morfina. El Papa Benedicto XVI lo sentenció en 2006 a una vida de silencio y penitencia, alejado del ejercicio de su ministerio sacerdotal. Poco más de un año después, en enero de 2008, Marcial Maciel murió.

El daño moral que provocó Maciel fue inmenso. A unos los dañó sexualmente. A otros les ha dejado en el alma el mismo dolor que deja a un hijo un padre que es infiel a su esposa cuando es descubierto. Algunos han dejado la Legión y el Regnum Christi. Otros –muy pocos- abandonaron el sacerdocio. Pero por otro lado, al mismo tiempo las obras fundadas por Maciel han hecho un bien mayúsculo a miles de personas. Si toda vida cristiana es un claroscuro, con sus luces y sus sombras, la vida de Maciel fue en definitiva, en blanco y negro.

Recientemente la Legión de Cristo terminó un extenso proceso de renovación ordenado por Benedicto XVI. Sus constituciones han sido revisadas y renovadas y aprobadas por el Papa Francisco, iniciando un nuevo capítulo en la historia de la Legión de Cristo, disociada ya de la sombra de su fundador, de quien incluso desde hace tiempo ya se habían retirado sus fotografías en los inmuebles de la Legión por órdenes de su Director General en aquel tiempo, el P. Álvaro Corcuera. Además de que se había prohibido también seguir haciendo públicos los escritos de Maciel, de quien sabemos que incluso había plagiado escritos de espiritualidad para publicarlos como propios.

Muchos no logran entender cómo fue que el Papa Juan Pablo II no actuara en contra de Maciel en su momento.  Peor aún, no logran comprender cómo pudo confiar tanto el Papa Juan Pablo en aquél a quien su sucesor Benedicto XVI ha llamado un “falso profeta” (Seewald, P. “La Luz del Mundo”).

Comprender por qué Juan Pablo II confiaba en Marcial Maciel no es difícil. Fue Maciel quien hizo gestiones mediante la madre del presidente de México José López Portillo para lograr que Juan Pablo II realizara el primer viaje en la historia de su pontificado. En 1979 se celebraría el CELAM en la ciudad de Puebla y para el Papa resultaba forzoso participar en esta reunión de todos los obispos de América Latina. Pero México en ese tiempo no sostenía relaciones con el Estado Vaticano, lo que imposibilitaba que el Papa viajara a México en calidad de Jefe de Estado. Pero la astucia de Maciel y su amistad con la madre de López Portillo hicieron posible este viaje que sería el primero de muchos. En ese viaje descubriría el Papa el valor de viajar y por ello, tras ese viaje a México, Juan Pablo II se convirtió en “el Papa peregrino”.

Además Marcial Maciel había fundado la Legión de Cristo. Una orden sumamente ortodoxa, apegada sin condiciones al Papa y sin concesiones al Magisterio. Una orden en rápido crecimiento que captaba vocaciones sacerdotales al por mayor. Junto a la Legión, Maciel fundó el movimiento laical Regnum Christi. Juan Pablo II siempre fue un ferviente promotor de la santidad de los laicos y este movimiento era sin duda un buen canal para este propósito. Los colegios de los legionarios y del Regnum Christi hacían mucho bien a miles de estudiantes. Y todas estas obras habían sido fundadas por Maciel. ¿Cómo no habría el Papa de confiar en él?

Algo que resulta de particular importancia para comprender este asunto, es la realidad innegable de que la persecución siempre ha sido parte intrínseca de la vida de la Iglesia. Si en los albores del cristianismo la persecución de los cristianos se manifestaba de formas sangrientas por el Imperio Romano, en el siglo XX -y hoy en el XXI- la Iglesia es perseguida a través de los medios de comunicación con una estrategia muy obvia: buscar el desprestigio. La fuerza moral de la enseñanza del Evangelio es fuerte obstáculo para los fines de muchos. Así, la mejor forma de dañar a la Iglesia –suponen sus enemigos- es lograr que la gente dude de ella. Para ello, es preciso desprestigiarla. Es entonces necesario sacar a la luz pública todo lo malo que pueda encontrarse en la vida de obispos y sacerdotes. Y como esto no es suficiente, es común presentar información manipulada a fin de desacreditar mediante la calumnia a muchos de los miembros de la Iglesia.

La calumnia a cardenales, obispos y sacerdotes de renombre  como medio de persecución es sumamente común. Acusar de crímenes no cometidos a sacerdotes y obispos es frecuente. Y el Papa Juan Pablo II lo sabía mejor que nadie. No sólo porque en Polonia sufrió la persecución del gobierno comunista que a fin de lograr atraparlo colocaban incluso micrófonos secretos en su confesonario, sino además porque como obispo y luego como Papa conocía de sobra casos de acusaciones infundadas con tal de desprestigiar a quienes construyen con más fuerza el Reino de Dios. La Legión de Cristo y el Regnum Christi sin duda coadyuvaban con fuerza al establecimiento del Reino de Dios cuando las primeras acusaciones sobre Maciel se hicieron públicas. ¿Por qué habría el Papa de dudar de Maciel?

Por otro lado, es imposible soslayar la abrumadora carga de trabajo de un pontífice. Todos sabemos que Juan Pablo II pasaba larguísimas jornadas de trabajo, incluso en su edad más avanzada, atendiendo un sinfín de tareas. Tiempo al Papa, le faltaba. Nunca le sobró. Razón por la cual mucho es delegado a los dicasterios correspondientes. Un Papa no puede hacerse cargo personalmente de cuanta acusación de un sacerdote se reciba en la Santa Sede. Este asunto estuvo principalmente en manos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, no de Juan Pablo II, cuyo prefecto en ese tiempo era el Card. Joseph Ratzinger.

En el libro-entrevista de Peter Seewald publicado recientemente, “Luz del Mundo”, el Papa Benedicto XVI reconoce que, en efecto, este asunto fue atendido con lentitud y tardíamente. Sin embargo, explica que esto se debió a que de alguna forma, todo estuvo muy bien escondido, de tal manera que no fue sino hasta el año 2,000 que la Santa Sede tuviera pruebas fidedignas de lo que antes eran solamente acusaciones.

Nadie puede proceder legalmente contra nadie sin pruebas. Las acusaciones no bastan. Y como decíamos antes, las acusaciones falsas son parte de la vida misma de la Iglesia. Esto sin duda complicó las cosas y explica en gran parte la falta de una acción disciplinaria de Juan Pablo II hacia Marcial Maciel por tantos años.

La periodista mexicana Valentina Alazraki, corresponsal en el Vaticano desde fines de los años setentas, recientemente ha publicado el libro “La Luz Eterna de Juan Pablo II”. Se trata de una explicación de la forma en que el Papa ejercitó cada una de las virtudes teologales y cardinales en su vida. Un resumen de la “heroicidad en la virtud” de Juan Pablo II. Comprobar el ejercicio heroico de las virtudes en la vida de un siervo de Dios es un paso exigido para su beatificación. Una vez hecha esta comprobación, hay que aguardar el milagro. Este libro de Alazraki está basado en una entrevista que hizo a Mons. Sławomir Oder, quien fuera designado por Benedicto XVI como el promotor de la causa de beatificación de Juan Pablo II.

En “La Luz Eterna de Juan Pablo II”, Mons. Oder explica que el caso Maciel fue analizado como parte de las investigaciones en torno a la santidad del Papa. Concluye que en efecto, no hay culpabilidad de parte del Papa pues él confió en alguien que por su parte, lo traicionaba. Sławomir Oder explica que el Papa Juan Pablo II tendía a confiar plenamente en las personas. Así, en diversas ocasiones depositó responsabilidades importantes en personas que terminaron por traicionarlo: “Durante la causa de beatificación se determinó que, en efecto, Juan Pablo II delegó buena parte del gobierno interno de la curia a la Secretaría de Estado, y que en varias ocasiones, siguiendo el consejo de algunos de sus más cercanos colaboradores, confirió cargos importantes a personas poco dignas desde el punto de vista moral, o poco indicadas, dadas sus capacidades intelectuales o prácticas. Los teólogos llegaron a la conclusión de que un candidato a la beatificación no es un superhombre sin defectos o errores, y que un Papa no es un ejecutivo infalible de la Iglesia. El Papa sólo lo es en relación con decisiones doctrinales sobre fe y moral.” Revela Mons. Oder que para Juan Pablo II era motivo de gran disgusto descubrir que alguien lo había traicionado: “Si me han mentido, han perdido ya. No soy yo el que guía a la Iglesia, es Jesucristo”.

Juan Pablo II confió en Marcial Maciel. Un hombre cuyas obras fundadas hicieron mucho bien a miles de personas pero cuya doble vida provocó un inmenso daño moral a aquellos de quienes abusó y a aquellos que depositaron en él su confianza y filiación espiritual.

En todo caso, la culpa no es de quien confió en Maciel apoyándose en el fruto de su obra apostólica. Sumada más bien a las grandes culpas de Maciel, está la culpa de haber sido capaz de engañar al Papa mismo. De haber traicionado entre tantos otros, a Juan Pablo II, quien depositó en él toda su confianza. Un episodio ciertamente triste en la historia de la Iglesia, pero para nada nuevo. Cristo mismo fue traicionado por uno de sus más amados por 30 monedas de plata.

La bondad de Juan Pablo II es indudable y de esa bondad surgía su capacidad de confiar en los demás por encima de pensar mal de nadie. En todo caso, de esa bondad supo aprovecharse Marcial Maciel.

La fama de santidad de Juan Pablo II llevó a los fieles a llevar pancartas a sus funerales clamando “Santo subito!” en italiano: que se declarara santo de inmediato. Finalmente, la garantía de su santidad no requiere explicación ni justificación alguna. Quien vio al Papa Juan Pablo II al menos un instante al pasar por las calles en su papamóvil, sintió invariablemente la presencia de Dios emanar de su persona con una fuerza imposible de explicar, pero vivencialmente contundente. Es ahí, en los corazones, donde la verdad de Dios hace su morada. En esos millones de corazones que vibraron al ver pasar por las calles un santo en papamóvil.

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Las 15 Propuestas de la Asociación de Sacerdotes de los EE.UU. Reunidos en Seattle

Mauricio I. Pérez | Seattle, WA | 28.06.2013

Necesitamos en efecto, sacerdotes. Pero estos deben ser santos. Por lo menos, fieles al Magisterio, leales al Papa y obedientes no solo por voto sino por convicción. Porque si un ciego guía a otro ciego, ¿no caerán ambos en el mismo agujero?

La Asociación de Sacerdotes Católicos de los Estados Unidos (AUSCP por sus siglas en inglés) se ha congregado del 24 al 27 de junio del presente en la Universidad de Seattle, administrada por los jesuitas. Su propósito ha sido reflexionar en el significado y el impacto de la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. Igualmente, han discutido 15 propuestas que desean hacer a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (USCCB por sus siglas en inglés).

Entre estas 15 propuestas, encuentro siete que personalmente identifico como focos rojos. Resumidas en una línea, estas propuestas son las siguientes:

Propuesta 3 – Solicitar al Papa permiso para usar nuevamente el Sacramentario de 1974 en vez de la 3a Edición del Misal Romano que entró en vigor en el Adviento de 2011.

Propuesta 4 – Pedir al Papa que abra el proceso de selección de obispos a clérigos y laicos.

Propuesta 5 – La ordenación de mujeres al diaconado y la modificación del canon 1024 del Código de Derecho Canónico, que prescribe que la ordenación está reservada a los varones.

Propuesta 8 – Pedir a la USCCB que abra la discusión al respecto de la ordenación sacerdotal de mujeres así como de los varones casados.

Propuesta 9 – La formación de un sindicato laboral de sacerdotes.

Propuesta 10 – La administración de la Absolución General en las parroquias de los Estados Unidos.

Propuesta 12 – Reconocimiento al “sacerdote del mes”.

Sindicatos sacerdotales… Premios al sacerdote del mes… No es de extrañarse que recientemente el Papa Francisco haya advertido acerca de la lepra que resulta el carrerismo entre los sacerdotes. No obstante, este tipo de propuestas se han cocinado en la Universidad de Seattle en estos días. ¡Que Dios nos ayude!

La AUSCP fue instituida por 27 sacerdotes apenas hace poco menos de dos años, el 25 de agosto de 2011. Al tiempo de escribir el presente, el sitio web de la Asociación reporta una membresía de más de 935 sacerdotes de 121 diócesis de los Estados Unidos, quienes deben pagar una cuota anual de membresía de $50 dólares.

El texto completo en inglés de las 15 propuestas, redactado por la AUCP, se puede leer en el sitio web de la Asociación siguiendo este enlace:

http://www.uscatholicpriests.org/storage/AUSCP2013Proposals.pdf

Aprendamos de María en el Año de la Fe

Mauricio I. Pérez | 11.05.2013

El mes de mayo solemos fijar nuestra atención en María de un modo especial. Este Año de la Fe, debemos aprender de su ejemplo a lo largo de este mes, para crecer en nuestra confianza en Dios.

En su Exhortación Apostólica Porta Fidei, escrita para proclamar el Año de la Fe, el Papa Benedicto XVI señaló lo siguiente:
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Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38).

En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7).

Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15).

Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27).

Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51),

los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).
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La fe de María se condensa en su Fiat lleno de confianza. “Hágase en mí según tu palabra”, responde al arcángel cuando éste le anuncia que será la madre del Redentor. Contra toda lógica, María habrá de quedar encinta y correr el riesgo de lastimar a José, de ser repudiada por él e incluso de ser lapidada por el pueblo quien muy seguramente la consideraría una mujer adúltera, por tener un hijo sin cohabitar aún con su marido. Es justamente cuando nada tiene sentido, que María confía y se abandona en el Señor, “Hágase”.

María enfrenta situaciones difíciles de comprender. Su reacción siempre la misma: se abandona en Dios y guarda estas cosas en su corazón.

La fe de María la mueve siempre a obrar de inmediato, como si llevara prisa, cuando alguien la necesita. Lucas subraya que María se dio prisa en visitar a su pariente Isabel, porque estaba encinta. En Caná, tan pronto nota que en la boda se termina el vino, interviene para pedir a su Hijo que ponga remedio.

La prueba más dura para María será el cuadro desgarrador de la cruz: Ver a su Hijo amado desangrándose y muriendo de dolor y de asfixia sin haber hecho en su vida más que amar a los demás al extremo. Aun en ese momento, María confía en el Señor. Y aunque el dolor no le permite pronunciar palabra alguna, María guarda este momento en su corazón al tiempo que pronuncia en su mente “Hágase”.

Aprendamos de María su fe que confía en Dios en contra de todo y a pesar de todo. Aprendamos a actuar de inmediato movidos por la fe para ayudar a los demás y para orar de inmediato por aquellos a quienes se ha agotado el vino del gozo en su vida. Aprendamos a abandonarnos en Dios y decirle “Hágase en mí según tu palabra” cuando nada parezca tener sentido en nuestra vida.

¡Apasiónate por nuestra fe!

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Escrito para “El Progreso”
Edición: Mayo de 2013
(c) Mauricio I. Pérez. Todos los derechos reservados.
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Porque con Toda mi Alma me Acordaba de Dios – Ser Bendecido en Tierra Extranjera

Al iniciar el libro de Tobías, su padre Tobit recuerda con orgullo como “Todos mis hermanos comían los manjares de los gentiles; pero yo me abstenía porque con toda mi alma me acordaba de Dios.” (Cf Tob 1,10b-12). Las normas alimenticias del Kashrut eran estrictas. Los judíos no podían comer cualquier tipo de carne, mucho menos su sangre. Se prohibía por ejemplo consumir puerco, reptiles y mariscos. También consumir leche junto con carne de res. Incluso los lácteos debían servirse en recipientes que nunca entraran en contacto con la carne y había que esperar hasta seis horas para poder comer carne tras haber consumido lácteos.

Estas normas tenían diferentes razones. Bástenos con saber que el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento, siempre permaneció fiel a estas normas. O casi, pues como refiere Tobit, todos sus hermanos las violaban, comiendo los manjares de los gentiles.

Los “gentiles” eran todos aquellos que no pertenecieran al Pueblo Elegido por Dios. Lógicamente, quienes no eran judíos no seguían el Kashrut. Su gastronomía estaba regida por costumbres, tradiciones y normas religiosas distintas. En este caso, se trataba de los asirios, quienes habían llevado a Tobit y sus hermanos a Nínive en cautiverio.

La tribu de Neftalí, a la cual pertenecía Tobit, había renegado de Dios y adoraba dioses falsos. Tobit no la pasaba bien. Pero en medio de esta situación, él permaneció fiel a Dios, dando limosnas, peregrinando en la soledad a Jerusalén, pagando sus diezmos y rehusándose a comer los manjares de los gentiles. La razón de su firmeza es ejemplar: “Porque con toda mi alma me acordaba de Dios”.

Muchos de nosotros, al igual que Tobit, nos encontramos en tierra extranjera. Una tierra que nos ha acogido pero que a la vez nos invita una y otra vez a adorar los dioses falsos del dinero, del poder y del placer. Una tierra que es ahora nuestro hogar pero que nos desafía con fuerza a sacrificar la verdadera familia que Dios quiso en pro de otros tipos de uniones que ofenden a Dios. Una tierra donde soñamos para nuestros hijos un futuro mejor, pero donde vorazmente se acaba con la vida de millones de bebés antes de nacer y donde proliferan los contraceptivos como si fueran caramelos. Una sociedad donde hemos hecho amigos, pero que constantemente incita a los novios al amasiato, a los esposos al divorcio, a los hijos al abandono de sus padres…

Vivimos en tierra extranjera, pero ante todo pertenecemos al pueblo de Dios. Cómo nos duele cuando vemos la forma en que muchos de nuestros hermanos, como hicieron los de Tobit, se dejan vencer por el antojo de los manjares que se ven deliciosos y placenteros, pero que ofenden a Dios y destruyen sus vidas.

Si queremos permanecer fieles y abstenernos con firmeza de los manjares de los gentiles, acordémonos siempre de Dios con toda nuestra alma. Y como a Tobit, Dios nos bendecirá abundantemente en tierra extranjera.

¡Apasiónate por nuestra fe!

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Escrito para “El Progreso”
Edición: Septiembre de 2011
(c) Mauricio I. Pérez. Todos los derechos reservados.
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La Verdad sobre los Obispos que Supuestamente Negaron Saludo a Benedicto XVI

Mauricio I. Pérez | 06.04.2013

Numerosos usuarios de YouTube y Facebook se han dado a la tarea de compartir un video que muestra al Papa Benedicto XVI durante su visita a Alemania en septiembre de 2011, explicando la escena como un desdén por parte de algunos prelados que según dicen, niegan el saludo al Sumo Pontífice. La reacción de algunos es de sorpresa. Otros tantos se declaran decepcionados de los obispos y cardenales que se rehúsan a dar la mano al Papa. Unos más, incluso sin ser católicos, se molestan y comentan que los gestos de mala educación no deben ser aceptados bajo ninguna circunstancia.

Sin embargo, ninguna de estas reacciones tiene fundamento. La explicación de quienes publicaron este video en YouTube haciéndolo ver como un desdén al papa por parte de cardenales y obispos es falsa. Y notoriamente, malintencionada. Tan malintencionada como aquellos que al ver el video lo comparten de inmediato en sus redes sociales con el fin de asestar un golpe al Papa Benedicto XVI. Programas de TV exhibieron el video e incluso explicaron que los prelados se rehusaban a dar la mano al Santo Padre debido a su molestia con él por haber encubierto a sacerdotes pederastas, cosa que comprobado hasta el cansancio está, es igualmente falso. El Papa Benedicto XVI no encubrió a nadie y además, emitió las duras pero necesarias normativas vigentes para remediar y prevenir el problema de la pederastia por parte del clero, mismas que pueden leerse desde la página principal en el sitio web del Vaticano.

La única verdad detrás de este video, originalmente emitido por el Centro Televisivo Vaticano, es la siguiente: El 22 de septiembre de 2011, durante su visita a Alemania, el Papa Benedicto XVI camina con el presidente alemán Christian Wulf, presentándole a cada uno de los prelados que aparecen en el video. Es por ello que como anfitrión, el papa camina detrás del presidente. Benedicto XVI avanza con su mano derecha extendida al tiempo que va presentando por su nombre a cada uno de los cardenales y obispos al presidente Wulf. Algunos de ellos, luego de saludar al presidente de Alemania, dan un apretón de manos al Santo Padre. Unos más simplemente y como es de esperarse, saludan al presidente, pero no al papa, a quien ya habían saludado anteriormente. Son estos últimos los que la prensa amarillista y los detractores de Benedicto XVI han querido señalar como los “cardenales y obispos que niegan el saludo al Papa Benedicto XVI”.

Quienes se escandalizaron ante el encabezado en YouTube y en Facebook con que este video ha sido publicado y compartido, debieron primero que nada poner atención al video y notar que el primero de los prelados que saluda al presidente pero no al papa, es nada menos que el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano y uno de los siempre incondicionales de Benedicto XVI. Igualmente debieron leer el lenguaje corporal del papa, que se muestra siempre sonriente y jamás sorprendido. Además del hecho de que quien camina por delante es el presidente Wulf seguido por el papa. Si los prelados en cuestión hubieran desdeñado al papa, éste se mostraría sorprendido, habría hecho una pausa al menos con el primero que le negó el saludo en vez de continuar avanzando como si nada y además hubiera ido caminando él mismo por delante para ir saludando uno a uno.

Lamentablemente, este video comprueba lo fácil que es hacer un chisme. Lo verdaderamente escandaloso del asunto es descubrir también cuán fácil es caer para muchos en las garras de un chismoso.

(c) 2013 Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados.

Jesucristo es el Mismo Ayer y Hoy y Siempre

Por Mauricio I. Pérez

“Acordaos de vuestros guías, que os anunciaron la palabra de Dios y, considerando el desenlace de su vida, imitad su fe. Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos. No os dejéis seducir por doctrinas diversas y extrañas.” (Heb 13,7-9). La carta a los Hebreos contiene esta perícopa sobre la fidelidad a Dios. Su contexto es una serie de recomendaciones de carácter moral. Criterios morales que no cambian, pues Cristo ha sido, es y será siempre el mismo.

Recordando el final de los días de nuestros guías, como sugiere esta carta, podemos reconocer a un papa Benedicto XVI, que hasta donde sus fuerzas se lo permitieron, luchó desde la cátedra de san Pedro por promover, enseñar y defender esa moral que Dios ha dictado a su pueblo. El beato Juan Pablo el Grande no se quedó atrás e hizo lo propio. Este Año de la Fe en que celebramos 50 años del Concilio Vaticano II, nos hace ver más atrás y pensar en Pablo VI y en Juan XXIII, quienes también dieron todo porque los valores del evangelio prevalecieran en nuestros tiempos. Tiempos desafiantes, acelerados y rápidamente cambiantes. Pero tiempos regidos por aquél que es el principio y el fin, el alfa y la omega, de quien es el tiempo y la eternidad por los siglos de los siglos, Cristo Jesús.

Realidad que recordaremos en el rito del Fuego Nuevo en la solemne Vigilia Pascual. Realidad no solamente litúrgica, sino sobre todo vivencial. Pues es en la vida misma donde los hijos de Dios vivimos según Cristo que no cambia o según los criterios cambiantes del mundo. Solo existen esas dos opciones mutuamente exclusivas. Debemos optar por una o por otra, imposible combinar las dos. No se puede servir a dos reyes, porque con uno se queda mal.

Ahora toca el turno al Papa Francisco de custodiar esta moral. E impedir, como sus predecesores, que seamos seducidos por doctrinas diversas y extrañas, como recomienda esta Carta a los Hebreos. La prensa secular, usualmente anti-católica, ha insistido en sugerir y desear que el nuevo papa sea artífice de grandes cambios. Cambios de carácter moral: que permita los contraceptivos, los matrimonios de divorciados y también los matrimonios de parejas del mismo sexo. Otros más quisieran que el nuevo papa cambie incluso la doctrina y que haciendo a un lado lo que Cristo mismo dispuso, el sacerdocio sea concedido también a las mujeres.

Pero el papel un papa no es reescribir el evangelio ni alterar las tablas de la Ley de Dios. Su papel consiste en custodiar la auténtica doctrina y preservar intacto el evangelio, haciéndoles que se mantengan vigentes a través de todos los tiempos. La doctrina y la moral no pueden ser cambiadas por un papa, porque ambas han sido dadas por Dios mismo. Y Dios no cambia. Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

No dejemos que doctrinas extrañas nos seduzcan. Apoyémonos en nuestro nuevo papa y confiemos en que estamos en manos de Cristo hoy y siempre.

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Escrito para “El Progreso”, Seattle, Marzo 2013.
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