Metánoia – La Palabra Clave en la Cuaresma

Comprendiendo el sentido de la conversión

Mauricio I. Pérez

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Escrito para “El Progreso”, Seattle, Marzo 2011.
(c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados.
Prohibida su reimpresión o publicación digital en cualquier sitio web sin el permiso expreso del autor.
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En Mc, la primera palabra que pronuncia Jesús es contundente: “Convertíos”: “Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1,15). En el texto original en griego, leemos en la exhortación de Jesús el imperativo metanoeite, de la palabra metánoia.

Esta exhortación de Jesús con la que arranca su ministerio es tan importante, que es la llave que abre la puerta cuaresmal. Una de las fórmulas para imponer las cenizas dice justamente: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”. Estas palabras marcan la pauta para recorrer el camino cuaresmal completo, hasta llegar a la Semana Santa. Conviene pues, comprender su signficado.

Aunque usualmente metánoia  es traducida como “arrepentimiento”, su etimología es mucho más específica.  El vocablo griego Metánoia viene de la preposición metá (cambiar) y del verbo noéoo (percibir, pensar). De este modo, metánoia significa en realidad cambiar la forma de pensar. Así pues, la invitación de Jesús a convertirnos y creer en el Evangelio implica ante todo cambiar nuestra actitud.

La auténtica conversión, la metánoia, consiste en un cambio de nuestra actitud hacia Dios, hacia los demás y hacia nosotros mismos. Siendo sinceros lectora, lector querido, todo lo que te irrita, todo lo que te aleja de Dios y te hace sentir insatisfecho contigo mismo, cambiaría inmediatamente si solamente tú cambiaras tu actitud.

¿Te detestas a ti mismo por ser tan intolerante con tus trabajadores? Cambia tu actitud y tenles paciencia. ¿Te sientes mal porque eres muy severo con tus hijos? Cambia tu actitud y comprende que son niños en crecimiento. ¿Te entristece no saber de Dios como debieras? Cambia tu actitud hacia la Santa Biblia y comienza a leer sus páginas. ¿Sientes remordimiento cuando alcanzas a un conductor imprudente para agredirlo? Cambia tu actitud hacia los demás y pide a Dios que te conceda mansedumbre. ¿Te sientes mal cada vez que alguien te pide una moneda en la calle y pasas de largo fingiendo que no lo has visto? Cambia tu actitud hacia los necesitados y pide a Dios que te ayude a erradicar tu egoísmo. ¿Te sientes avergonzado cada vez que gritas injustamente a tu pareja porque dejó algo fuera de su sitio en casa? Cambia tu actitud hacia tu exagerado sentido del orden y comprende que es peor un corazón herido que un objeto mal acomodado. Podríamos seguir la lista…

La cuaresma es el tiempo ideal para lograr la conversión que tanto necesitamos. Es preciso convertirnos para estar en paz con nosotros mismos, con los demás y en consecuencia con Dios. Para ello, es necesaria la metánoia. Cambiar nuestra actitud y ser más comprensivos, tolerantes, pacientes y justos. Cambiar nuestra actitud y comprender que el centro del mundo no somos nosotros, sino Dios. Cambiar nuestra actitud y acoger el amor de ese Dios que es el centro de todo, para irradiarlo después a los demás.

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Mi Nuevo Misal

Mauricio I. Pérez | 26.01.12 | Redmond
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Llega un paquete por correo. Un paquete esperado con ansias desde hace unos días. Lo abro con sumo cuidado, como no queriendo romper la caja de cartón para no arriesgarme a maltratar su contenido. Por fin lo tengo en mis manos. Mi nuevo Misal en inglés. Mi viejo misal, ya gastada su pasta de piel y arrugadas algunas de sus delgadas hojas, irá a parar a mi librero. Por ocho años, fue mi fiel compañero en todas las misas.

He tenido que cambiar de misal pues en Adviento entró en vigor la 3a edición en inglés del Misal Romano. Por fin rezamos la Santa Misa con la belleza y precisión teológica del Misal en latín. Por fin respondemos “Y con tu espíritu” al saludo “El Señor esté con ustedes” en vez de “Y contigo también.” Y el Gloria y el Credo y los Prefacios y las Plegarias Eucarísticas… ¡Qué belleza! Por fin cumplimos en inglés con el principio de nuestra fe lex orandi, lex credendi, rezamos lo que creemos.

A pesar de las hojitas de misa que se usan en México y en Italia y a pesar de los misales disponibles en cada banca en los Estados Unidos, siempre me ha gustado tener mi propio misal. Esto me permite seguir con detalle de principio a fin lo que sucede en la Celebración Eucarística. Puedo leer e interiorizar más fácilmente las oraciones colectas que reza el sacerdote, seguir sus gestos y posturas según los van indicando las rúbricas (esas pequeñas notas en tinta roja) y releer cuantas veces sea necesario ese pasaje de alguna lectura que hizo eco en mi interior.

Me he acostumbrado tanto a llevar mi propio misal, que las poquísimas veces que lo olvido, siento que algo importante me falta.

Cuando tenía 10 años, en los oficios de Semana Santa tuve la dicha de quedar sentado en la iglesia junto a mi abuela. Ella llevaba su propio misal. Y me dejaba leer con ella las lecturas y oraciones. A esa edad, me asombró descubrir que todos los movimientos que hacía el sacerdote estaban indicados en el misal. Me di cuenta entonces que todo lo que se hace en la Misa tiene un por qué, un significado. Desde entonces me prometí tener mi propio misal cuando fuera grande. Y he cumplido mi promesa.

Como niño que acaba de recibir un juguete nuevo, contemplo detenidamente mi nuevo misal, reviso todas sus secciones, delicadamente coloco los múltiples listones separadores en la página correcta y a pesar de venir empastado en piel, lo forro con celofán grueso para protegerlo un poco más. Es un libro grueso, pues contiene las lecturas de toda la semana para los dos ciclos semanales y los tres ciclos dominicales. Además claro, contiene el Ordinario de la Misa, confrontando el texto en inglés con el texto original en latín (por eso pedí específicamente la edición publicada por el Midwest Theological Forum). Repasando las páginas de mi nuevo misal, descubro también el Propio de los Santos para todo el año, todas las misas votivas, las misas para ocasiones especiales y las liturgias de todos los sacramentos. Al final encuentro una sección muy extensa de oraciones y devociones.

Por ahora, me permito deleitarme al escuchar el crujir de las delgadísimas hojas mientras las paso de una en una. El olor a libro nuevo se mezcla con el aroma de la pasta de piel. De alguna manera, este aroma que brota del misal, encierra también el aroma de la Palabra de Dios. Palabra que leeré y releeré con mi nuevo misal.

Me hago el propósito de cuidarlo como un tesoro. Quiero que me dure para siempre. Por momentos llego a pensar quién heredará mi misal cuando parta yo a la casa del Padre. ¿Alguno de mis hijos? ¿Quizás alguno de mis nietos? ¡Mis nietos! Es todavía muy temprano para pensar en eso. Pero mi mente vuela a ese futuro posible mientras mis manos acarician este bendito libro.

Anhelo que llegue el domingo, para estrenar mi misal en la Santa Misa.

Si tu no tienes uno, te recomiendo vivamente lectora, lector querido, adquirir tu propio misal. Es un libro que te acompañará en tu diálogo amoroso con Dios. Un libro que con sus notas y rúbricas, te ayudará a comprender mejor la Santa Misa. Un libro que te ayudará a enamorarte más de la Sagrada Liturgia y a apasionarte más por nuestra fe.

El Señor te Bendiga y te Guarde

La bendición de Dios en el año que comienza.

Mauricio I. Pérez

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Escrito para “El Progreso”, Seattle, Enero 2011. (c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados. Prohibida su reimpresión o publicación digital en cualquier sitio web sin el permiso expreso del autor.
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El 1 de enero, en la Primera Lectura de la misa de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, YHWH pide a Moisés que bendiga a su pueblo con estas palabras: “El Señor te bendiga y te guarde; el Señor ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio; el Señor muestre a ti su rostro y te conceda la paz.” (Num 6,24-26). La Madre de Dios es venerada en la Iglesia el 1º de enero. Si bien nuestro año en la Iglesia ha comenzado en Adviento, la primera hoja de nuestro calendario civil coincide con la fecha en que celebramos la Theotokos. De esta forma, lectora, lector querido, la bendición que transmite Moisés a los israelitas de parte del Señor, cobra también sentido al iniciar un año más en tu vida. Sobre todo al pedir YHWH a Moisés que esta sea la bendición del pueblo por siempre.

Nota que esta bendición menciona tres veces el nombre divino, asegurándote así la presencia del Dios que te protege. La fórmula de bendición tiene tres partes y cada una pide del Señor dos favores: Bendición y protección; luz divina y prosperidad; el rostro divino y la paz.

De sus distintos significados, la bendición que expresa esta fórmula se refiere a que el Señor santifique a aquellos sobre quienes se invoca la bendición. Así, elevo mi oración para que a lo largo del año el Señor te santifique. Que además  te guarde de todo aquello que comprometa tu seguridad,  tu integridad y tu relación con El. Que te guarde de todos tus enemigos. Y si es preciso, que te guarde incluso de ti mismo.

Que a lo largo del año, la luz de Dios marque tu camino y disipe las tinieblas de la incertidumbre y del desconsuelo. Y que al resplandecer el rostro de Dios sobre ti, puedas reflejar su amor a todos los que te rodean. Haciéndoles sentir tú mismo su presencia, su comprensión y su perdón. Así, el Señor te será propicio y te concederá aquellos favores que necesites para ti y para los tuyos.

Que el año que comienza, el Señor te muestre su santo rostro en todo momento. Y que tú seas capaz de mirarlo siempre cara a cara. Con esa confianza de que gozan sólo aquellos que saben serle fieles y que pueden verlo a los ojos y sostenerle la mirada. Ante el rostro del Señor podrás entonces hablarle de tus gozos, de tus logros, de tus cosechas. Podrás también contarle tus tristezas. Podrás plantearle tus sueños, tus deseos y tus anhelos. Podrás confiarle tus miedos, tus tropiezos, tus caídas. Podrás derramar una lágrima o dos si lo precisas. Podrás incluso contemplar su rostro en el silencio. Y llenarte así, en su presencia, de su paz divina.

Te deseo que nunca falte para ti la bendición de Dios a lo largo del año que comienza.

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Propósitos para el Año Nuevo

Jueves 29 de diciembre de 2011 | Mauricio I. Pérez | Semillas para la Vida

Es costumbre al fenecer el año, revisar nuestra vida y plantearnos metas y propósitos para el Año Nuevo. Muchos se esfuerzan por realmente cumplir y vivir según los propósitos trazados. Otros tantos -los más- suelen quedarse en el camino. Sus buenos propósitos se quedaron tan solo en buenas intenciones. Pero alguien dice por ahí -y quizás diga bien- que de buenas intenciones, está empedrado el camino del infierno.

Los hijos de Dios debemos ser hombres y mujeres de palabra. Jesús nos enseñó a decir “Sí” cuando sea sí, y a decir “No” cuando sea no. En esta línea, es preciso al definir nuestros propósitos para el año que comienza, tomárnoslos en serio. Y hacer de ellos un verdadero compromiso.

Hay quienes optan por plantearse propósitos materiales: nuevo auto, el viaje jamás realizado, una casa más grande o un mayor sueldo. Esto está bien si es que estos objetivos no se definen como una mera meta -lo cual sería simplemente materialista- sino más bien como medios para algo más importante, como dar un mayor bienestar a la familia.

Unos más, prefieren definir propósitos que les ayuden a ser mejores personas. En esta línea, lectora, lector querido, quisiera proponerte una lista de 12 propósitos que pueden ayudarnos a ser sobre todo, mejores cristianos. Se trata de hacer ciertas cosas y dejar de hacer otras. También de asumir ciertas actitudes y dejar de lado otras tantas.

1. Acercarnos más a Dios. Es innegable que de esto se desprende todo lo demás. Incluso el éxito al lograr cumplir con el resto de nuestros objetivos depende en gran medida de la cercanía a Dios. Pues sin Cristo, nada podemos hacer. Es importante aumentar nuestro tiempo de oración y participar de manera más conciente en los sacramentos. También bendecir siempre nuestros alimentos sea quien sea nuestro comensal. Además, en el 2012 iniciará el “Año de la Fe” proclamado por el Papa Benedicto XVI, de tal suerte que resulta imprescindible acercarnos más a Dios a fin de aumentar nuestra fe y vivir en plenitud este año santo cuando llegue su momento.

2. Confiar más en Dios. Muchos se frustran porque Dios no les habla. ¿Quieres escuchar a Dios? Abre tu empolvada Biblia y léela. Te garantizo que si lo haces con la frecuencia debida -es decir, diario- escucharas de Dios las palabras que necesitas. No le exijas ni demandes favores, pídele todo pidiendo siempre que se haga su voluntad, pues Él sabe cuándo, cómo y en qué medida. Y al tener frente a ti las oportunidades que necesitas, acéptalas. Deja de cuestionar cada oportunidad, quedarte inmóvil y dejar de actuar. Dios te ayuda, pero necesita de tu parte. Dios te inspira, pero necesita de tu inteligencia. Dios te cuida, pero necesita tu confianza. Este año confía más en Dios, acepta lo que te envía y actúa en consecuencia.

3. Dejar de Murmurar y de ver la Paja en Ojo Ajeno. Es increíble lo rápida que es nuestra lengua para desatarse y correr cual caballo desbocado en contra de alguien más. Y lo peor es que muchas veces murmuramos en contra de alguien según nosotros en aras de la justicia divina: porque éste peca mucho, porque ésta gasta mucho dinero, porque este otro es muy sucio y descuidado, porque esta otra es una chismosa, porque este va a misa pero se pelea con todos al salir y entrar en su automóvil, porque esta otra también va a misa pero se queda dormida… La lista es inacabable. ¿Qué tal como propósito de este año dejar de murmurar y mejor mirar a nuestro interior cada vez que algo nos parece mal? Porque es un hecho irrefutable que casi siempre que nos disgusta algo que vemos que otro hace, ¡es porque en el fondo nos disguta que nosotros hacemos lo mismo! Por eso advertía Jesús que es fácil ver paja en el ojo ajeno y no la viga que se lleva en el propio. Hagámonos el propósito de que al sentir la tentación de murmurar, cerrar la boca, ver a nuestro interior y en justicia decidir qué actitud debemos nosotros mismos cambiar, qué debemos dejar de hacer o que debemos comenzar a hacer.

4. Ser Portadores de Ayuda y Generadores de Cambio. Es fácil criticar lo que no nos gusta. Pero eso rara vez sirve de algo. A lo largo de este año, hagámonos el firme propósito de que cada vez que algo nos parezca malo, pensemos cómo ayudar para corregirlo o cambiarlo y actuemos en consecuencia. Si nada podemos hacer, mejor no estorbemos. Igualmente, seamos solícitos para ayudar a todo aquél que lo necesita.

5. Dejar de Ofendernos por Todo y de Pelear contra Todos. Jesús declaró bienaventurados a los mansos, porque heredarán la tierra. La mansedumbre es una virtud que nos ayuda a dejar de lado la violencia. Cuántas personas se ofenden por la forma en que los saluda el empleado de una tienda. Cuántos más se indignan porque el mesero no los vio al pasar frente a ellos. Cuántos estallan porque el conductor de adelante no va más de prisa. Cuántos se encolerizan porque su hija no guardó el cepillo y el espejo. Y en consecuencia agreden, gritan, insultan, ofenden, se vengan, toman represalias y lo peor, ¡se amargan la vida y se la amargan a los demás! “¡¿Y cómo no me voy a enojar?!” es su típica justificación. Pero esa actitud no es digna de un hijo de Dios. Este año hagámonos el propósito de evitar pleitos y riñas. Desarrollemos mejor la virtud de la mansedumbre. Además de vivir en paz con los demás, seremos bienaventurados y heredaremos la tierra que el Señor nos tiene prometida.

6. Desarrollar la Pulcritud. Esto a muchos les cuesta trabajo. Pero es necesario reconocer que no podemos comprender el concepto de un “alma limpia” si no somos capaces de vestir una camisa limpia. El desaliño no es virtud, es por el contrario, un vicio terrible. No hay que confundir no ser vanidosos con ser sucios y desaliñados. Ir despeinados, con la ropa sucia y arrugada no es propio de un hijo de Dios. Porque nuestro cuerpo es un templo vivo del Espíritu Santo. Y ese templo debe siempre ser digno, tanto en su interior como en su exterior.

7. Ser más Laboriosos. Sobre todo a los laicos, Dios nos ha confiado el orden de la creación. Debemos trabajar para hacer del mundo que Dios nos ha regalado, uno mejor. Debemos también trabajar para crecer como personas, en talento y dignidad. Para el hijo de Dios, es inaceptable el trabajo a medias, entregado tarde o mal hecho. El hijo de Dios debe poner su sello en todas sus obras. Este año propongámonos hacer nuestro trabajo con pasión y calidad, recordando siempre cuando Dios puso en manos de Adán el Paraíso que había creado.

8. Ser Limpios de Corazón. Jesús prometió que los limpios de corazón verán a Dios. Sin embargo, los programas de TV cada vez más vulgares, las conversaciones con amigos y compañeros de trabajo cargados de palabras soeces, los chistes en doble sentido son fuertes barreras para mantener limpio el corazón. Este año que comienza, comprometámonos a mantener una diversión sana, conversaciones en la línea del respeto y un humor blanco que siempre divierte sin ofender ni contrariar a nadie más.

9. Dar Más Tiempo a Nuestra Familia. Bien que lo sabemos. Pero bien que fingimos excusas para no cumplirlo. Necesitamos trabajar mil horas extras para pagar más horas de guardería y más maestros privados y más cursos de qué se yo para que nuestros hijos estén en un lugar seguro para poder trabajar más para tener más dinero para pagar más guarderías, maestros privados y cursos mientras trabajamos más… El ridículo torbellino que termina por destruir las familias mientras alguien escala peladaños y amasa fortunas. Basta ya. Este año fijemos bien nuestras prioridades: Dios, familia y trabajo. En ese orden. El resto, Dios nos lo dará por añadidura.

10. Disfrutar más la Vida que Dios nos Da. Ya basta de quejarnos de todo. Es suficiente de encontrarle peros a todo. Es hora de dejar de encontrarle a todo su lado malo. Aceptemos por el contrario con gozo todo lo que Dios nos da, agradezcámolo y alabemos al Señor por su bondad. Encontremos la mano de Dios en todo lo que tenemos. Mira a cuántos más les hace falta. Alabemos a Dios por cada mañana, por la frescura del agua que corre en la ducha, por el desayuno que nos da energía, por el sol que nos calienta. Alabémoslo por la taza de café que nos devuelve el buen ánimo, por la galleta dulce que lo acompaña, por quien nos hace compañía mientras la bebemos. Disfrutemos al “perder el tiempo” con nuestros hijos, pues son una de las mayores bendiciones que Dios nos ha dado. Disfrutemos los ratos de enfermedad, pues nos dan tiempo para leer aquél libro pendiente y hasta para acercarnos más a Dios.  Que este sea uno de nuestros propósitos más firmes para este año. Pues así viviremos en paz, llenos de gozo y siendo infinitamente agradecidos a nuestro Dios.

11. Bajar de Peso. ¿Y por qué no? Este casi siempre es un propósito de Año Nuevo de casi todas las personas adultas. Y curiosamente, es el propósito menos cumplido. Sin embaro, para los hijos de Dios resulta importante porque bajar de peso va más allá que una cuestión de vanidad corporal. El exceso de peso en gran parte se debe al pecado capital de la gula. Y bajo esa óptica es que los cristianos debemos afrontar esta situación. Los pecados capitales se llaman así porque de ellos se desprenden muchos más hasta poner fuertemente en riesgo la integridad de la persona. Quien come demás, desarrolla usualmente otro pecado: la pereza, manifestada en la falta de ejercicio. El exceso al comer suele acompañarse en excesos al beber. Y tras las comidas, al fumar. La cadena puede no tener fin y los riesgos para la salud corporal e innegablemente para la salud del espíritu son muchos. Hagámonos pues el propósito para este año, de declarar la guerra a la gula que nos ha esclavizado. Dejemos atrás este pecado y mejoremos la salud del cuerpo que Dios nos ha dado.

12. Ser Portadores de la Bendición de Dios. Las personas que necesitan de la bendición de Dios no precisan de un momento de éxtasis en que Jesús o la Virgen se les manifiesten y con su mano en la frente los bendigan. Necesitan más bien de cariño, de alguien que los escuche, de alguien que los ayude, de alguien que les dé trabajo, de alguien que les dé pan. Siendo hijos de Dios, hagámonos el propósito este año de ser portadores de las bendiciones de Dios para los demás: con nuestro tiempo, con nuestra ayuda, con  nuestras manos, con nuestros labios, con nuestros oídos y con nuestros bienes materiales.

Deseo que esta lista te ayude a definir tus propósitos para el año que comienza. Que Dios te bendiga y sostenga con su mano providente, bendiga todos tus sueños y te ayude a alcanzar cada una de tus metas.

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Encontrarán a un Niño Envuelto el Pañales

Mauricio I. Pérez

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Escrito para “El Progreso”, Seattle, Diciembre 2010. (c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados. Prohibida su reimpresión o publicación digital en cualquier sitio web sin el permiso expreso del autor.
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«Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y recostado en un pesebre». (Lc 2,11a.12).

El acontecimiento de la Navidad es el momento más tierno de nuestra vida en la fe. Esta ternura me incita por esta sola vez, a dejar de lado la óptica del biblista para quedarme mejor contemplando, con los ojos del corazón, la ternura del momento.

Entremos en la cueva de Belén. En silencio, para no despertar al Niño.

Nos asomamos por detrás de José, que se estremece de gozo y encanto. ¿Qué madre en la tierra no vibraría con todo su ser al contemplar este cuadro? El recuerdo del instante de la llegada de sus hijos al mundo da sentido cálido a este momento que contemplamos extasiados. El Niño Dios en brazos de mamá.

Ella habla consigo misma. “¿Qué nombre puedo dar a mi hijo? ¿‘Hombre’? Pero tu concepción es divina. ¿’Dios’? Pero por la encarnación has asumido lo humano. ¿Qué haré por ti? ¿Cuidarte como una madre o adorarte como una esclava? ¿Alimentarte como a un hijo o rogarte como a un Dios?

La Virgen está pálida. Mira al Niño con una maravillosa ansiedad que sólo ha aparecido una vez sobre el rostro humano. Porque Cristo es su hijo, carne y fruto de sus entrañas. Lo ha llevado nueve meses y le dará el pecho. Y su leche se convertirá en sangre de Dios.

Por un momento, la tentación es tan fuerte que se olvida de que Él es Dios. Lo aprieta entre sus brazos y le dice “¡Mi pequeño!” Pero en otros momentos se corta y piensa “Dios está ahí”. Y ella es presa de un religioso temor ante este Dios mudo, ante este niño aterrador. Porque todas las madres se sienten a ratos detenidas ante este trozo rebelde de carne que es su hijo. Y se sienten desterradas ante esa nueva vida que se ha hecho con su vida y que un día les será apartada. Pero ningún niño será más cruel y rápidamente arrancado de su madre que éste. Porque es Dios y sobrepasa con creces lo que ella pueda imaginar.

Pero también hay otros momentos, rápidos y escurridizos en los que ella siente a la vez que es Cristo, su pequeño. Ella lo mira y piensa “Este Dios, es mi hijo. Esta carne divina, es mi carne. ¡Se me parece! Tiene mis ojos y el trazo de su boca es el de la mía ¡Es Dios y se me parece!” La Virgen siente entonces correr por su piel un escalofrío divino. Porque a ninguna mujer le ha tocado la suerte de tener a su Dios para ella sola. Un Dios tan pequeño, que se le puede tomar en brazos y cubrir de besos. Un Dios que respira y sonríe.

En Guanajuato, México: El Nacimiento Más Impresionante que he Visto en mi Vida

Guanajuato, México | Viernes 16 de diciembre de 2011 | Mauricio I. Pérez | Semillas para la Vida

Sigo convencido de que siempre y en todo momento, lo mejor es abandonarse a las manos de Dios. Este día llegué a la ciudad de Guanajuato para pasar el fin de semana en calidad de turista. Tras manejar casi cinco horas en la carretera sin mayor problema, justo al entrar a Guanajuato, mi auto se averió. La alarma de la batería me indicaba que debía encontrar un taller electromecánico de inmediato. Sin conocer la ciudad, comencé a manejar a la deriva, rezando por encontrar -¡y pronto!- un taller que me salvara.

Las calles laberínticas de la ciudad me condujeron por subidas y bajadas y luego por túneles sinfín que finalmente me arrojaron a una calle cualquiera donde encontré un pequeño taller eléctrico. Había que remplazar el alternador y traerlo de una ciudad aledaña, por lo que me quedé sin auto el resto del día. No me quedaba más que pasear a pie  y confiar como siempre en la mano de Dios que siempre me sostiene.

A pocos pasos del taller, vi un anuncio que invitaba a visitar un Nacimiento de Cera. Estaba abierto a partir de las 6:00 por lo que decidí darme una vuelta poco antes de la cita para recoger mi vehículo reparado. Los nacimientos siempre me han causado una gran fascinación. Quizás porque mi abuela solía montar un nacimiento muy grande que hacía las maravillas de cuantos visitaban su casa y porque ella misma había esculpido en madera, cera y cabello natural, cada figura de la Sagrada Familia. ¡Este nacimiento de cera no me lo podía perder!

Volví por la noche. El anuncio que vi en la calle me condujo a un callejón que dio vuelta para subir una larga escalinata, luego otro callejón, otra escalinata y otra más. Un gran letrero que rezaba “NACIMIENTO” pendía sobre un pequeño zaguán. Otro pequeño letrero indicaba que había que tocar el timbre. Así lo hice. En breve un hombre amable, el Arq. Alfredo Martínez Barrientos, abrió el zaguán y me invitó a pasar. Llamó a su sobrino, Miguel Martínez, quien me guió hasta el fondo del patio. Me hizo entrar a una grande y oscura habitación

-Pase por favor. Iré encendiendo las luces poco a poco.

Miguel encendía las luces de cada uno de los 12 episodios que conforman este majestuoso nacimiento. La historia comenzaba con la Creación. Se podía ver representado en figuras de cera de unos 30 cm a Adán y Eva y su triste caída. Una narración grabada con música de fondo y efectos de sonido explicaban cada una de las escenas.

Este viaje fantástico me transportó después a Nazareth, donde pude contemplar un bellísimo Arcángel Gabriel anunciando a María que sería la Madre de Dios. Luego vería escenas como José y María pidiendo posada fallidamente, la cueva de Belén y por otro lado los pastores asando un cordero que giraba sobre el fuego mientras un ángel les anunciaba el nacimiento del Salvador. A Lucifer se le veía en el interior de una cueva siniestra.

También fui llevado al Palacio de Herodes, reposando sobre su diván mientras contemplaba a su bailarina que giraba sin parar. Los bellísimos Magos que vinieron de Oriente pasaban por una montaña para luego en otra escena presentar sus regalos al Niño Dios. Más adelante Simeón lo sostendría en brazos mientras José y María lo presentaban al Templo de Jerusalén. En otra escena José en un sueño recibía de un ángel la indicación de huir a Egipto para luego poder verse una escena por demás dramática en que los soldados de Herodes asesinan ferozmente a unos niños ante el terror de sus madres.

Finalmente, viajé con Jesús, José y María hasta Egipto y  contemplé por último la Santísima Trinidad que pendía del cielo mientras se escuchaban los cantos de Aleluya de “El Mesías” de Hendel.

Casi todas las escenas tenían alguna pieza en movimiento: asadores, hornos, bailarinas, el Espíritu Santo de la Trindad… El agua corriente abundaba. Varias escenas tenían su propia fuente y un río corría por en medio del nacimiento.

En su gran mayoría, este Nacimiento de Cera ha sido diseñado y construído por el Arq. Martínez y su familia: Los magníficos palacios y realistas edificios, la estructura de las escenas y cada una de las 150 figuras de cera y su vestuario. Por supuesto, la banda sonora que va dando vida al relato de los Evangelios de la Infancia también ha sido elaborada por el arquitecto y su familia. Lo único que ha sido comprado, son las aves e implementos de cocina que hacen más reales las escenas.

El Nacimiento de Cera en su forma actual ha sido exhibido por 9 años ya. Aunque según señaló el Arq. Martínez, este año todas las figuras son nuevas. Sin embargo, comenzaron a exhibir este nacimiento hace 15 años. Su exhibición fue creciendo con el tiempo hasta alcanzar su dimensión actual.

Miguel me explica con cierto dejo de orgullo -¡y no es para menos!- que el nacimiento lo desmontan cada año al  terminar su temporada. Les toma dos meses volverlo a instalar cada vez.

-Pero solo trabajando en él los fines de semana. Aclara el Arq. Martínez levantando el índice de su mano.

Y me explica que cada año disponen las diferentes escenas en sitios distintos del cuarto que alhoja el nacimiento para que resulte de alguna forma novedoso a aquellos que lo visitan asiduamente año con año. El Nacimiento de Cera es tan grande que resulta imposible mirarlo desde un punto fijo. Hay que caminar ora hacia la izquierda, ora hacia la derecha, para acercarse a las escenas según se van encendiendo por todos los rincones de la habitación.

El Arq. Martínez no cobra entrada por este espectáculo tan maravilloso y sobrecogedor. Me confía que sus únicos dos afanes son compartir su nacimiento con toda la gente que lo quiera ver. Además de mantener viva la bella tradición de los nacimientos para celebrar la Navidad.

Felicitando no sé cuantas veces al Arq. Martínez y su sobrino Miguel, me despedí y salí con prisa pues faltaban pocos minutos para que cerraran el taller mecánico. Si mi auto no se hubiera averiado y si las laberínticas calles de una ciudad desconocida no me hubieran llevado a este taller ubicado a unos pasos de este nacimiento, jamás hubiera podido yo contemplar tan majestuoso homenaje al Rey de Reyes y Señor de Señores, Cristo Jesús. Es por eso que vale la pena abandonarse siempre en las manos de Dios y confiar en su mano providente.

Este bellísimo Nacimiento de Cera es fruto sin duda de la gran pasión por nuestra fe de una buena familia. Pasión por la Navidad, pasión por los nacimientos, pasión por la perfección en los detalles, pasión por compartir con los demás. Es esta pasión por nuestra fe la que hace a los hijos de Dios ir más allá y hacer obras que terminan siendo una alabanza al Señor.

La familia Martínez Barrientos exhibe su Nacimiento de Cera del 1 de diciembre al 15 de enero todos los años. Se lo puede ver de las 18:00 a las 21:00 horas en Callejón Cerrada de Gritería, No. 14, en la Ciudad de Guanajuato (a un par de cuadras de la Alhóndiga de Granaditas).

El Nacimiento de Cera en Guanajuato es un “deber ver” para todo aquél que se apasione por nuestra fe y por la Navidad.

En YouTube he encontrado este video de alguna de las exhibiciones de años anteriores del Nacimiento de Cera.

¿Quién se ha Graduado en Ciencias Matrimoniales?

La Santa Sede considera exigir seis meses de formación pre-matrimonial a todas las parejas.

Mauricio I. Pérez

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Escrito para “La Familia Cristiana”, Venezuela, Abril 2010. (c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados. Prohibida su reimpresión o publicación digital en cualquier sitio web sin el permiso expreso del autor.
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Te confieso lectora, lector querido, que una de las cosas que más me duele al ver a mis amigos, es el número de ellos cuyo matrimonio ha fracasado. Y el número de años que han durado, con el paso del tiempo ha decrecido. ¡Conozco un matrimonio que recientemente se ha divorciado en 10 meses! Muchos de ellos –sobre todo de ellas– suelen acudir a mí cuando pasan por la última etapa de su matrimonio buscando consejo o al menos consuelo. Las razones de sus separaciones pueden ser las más variadas. Sin embargo, me sorprende notar cómo todos y todas coinciden en un mismo punto: no debieron casarse desde un principio. Hasta hoy no he encontrado alguien que me haya dicho “Estoy seguro que esta era la persona indicada, estoy convencido de que debí casarme con ella, pero luego del tiempo nuestro matrimonio no funcionó”. Seguramente que existen parejas que piensan así. Pero al menos yo, no he conocido ninguna.

Esta seguridad de los matrimonios que se divorcian de que desde un principio no debieron casarse, me recuerda el viejo y sabio consejo de mi abuela: “Por eso, fíjate con quién te casas”. Y tan seguras están las personas que se separan de que no debieron casarse, que cada vez vemos más de ellas buscando que la Iglesia declare nulo su matrimonio. El argumento más usado es la falta de madurez. Y como comprobarla es tarea casi imposible, la mayoría defiende su punto afirmando que como evidencia de su inmadurez no fueron capaces de conocer bien a su prometida, no pudieron negarse a tiempo a la presión de sus futuros suegros a sabiendas de que les resultaría imposible llevarse bien, carecieron de la visión para anticipar todos los desafíos que implicaría una vida de casados, ¡no sabían a lo que iban!

Mas siendo francos, la mayoría de las veces no es cuestión de falta de madurez. Y es por ello que muchos de los matrimonios no pueden declararse nulos. Fueron dos adultos, muchos con formación universitaria incluso, que se plantaron en un altar y delante de todos y con convicción afirmaron “Te acepto y prometo serte fiel, amarte y respetarte por todos los días de mi vida”. La mayoría de las veces no es cuestión de una falta de madurez en el noviazgo, sino de una falta de preparación sólida y consciente para el matrimonio además de un periodo de discernimiento bien orientado.

En muchas diócesis del mundo se pide como requisito para autorizar la celebración del sacramento del matrimonio un curso previo. Siempre he estado convencido de que cuando un curso pre-matrimonial es bueno, no solo ayuda a las parejas a vivir mejor una vez casadas, sino que además, evita que muchas parejas se casen. De esto último no me queda la menor duda. Un buen curso pre-matrimonial evita que muchas parejas se casen porque expone con detalle las exigencias de la vida en pareja, la trascendencia de vivir juntos una alianza con Dios, los desafíos de la paternidad, las ineludibles responsabilidades y obligaciones que casarse conlleva. Y ante eso, parejas que iban al altar solamente motivados por el encantamiento natural que acompaña al enamoramiento, se confrontan con una realidad que no anticipaban y o bien deciden casarse con mayor consciencia, o bien optan por mejor no hacerlo antes de arruinar sus vidas.

Sin embargo, muchas de estas diócesis que requieren de un curso previo como requisito para el matrimonio, no cuentan con un estándar de lo que esperan que los novios aprendan. Y lo mismo hay cursos de dos horas que de un sábado entero o de un fin de semana en retiro o quizás de cuatro sesiones semanales. Y al altar llegan todos. Los que escucharon una plática de dos horas y los que fueron a cuatro sesiones semanales. El gran número de divorcios que afectan a la sociedad es un indicador de que esta formación pre-matrimonial no es adecuada. Y ante los desafíos tan grandes que la familia de este siglo debe enfrentar y que basta con tomar cualquier diario al azar para encontrar en sus encabezados información de todo tipo de iniciativas que contradicen el plan de Dios sobre la vida y la familia, es tiempo de tomar una medida que asegure que las parejas tengan claro a qué van al matrimonio, comprendan cómo vivir su sacramento en medio de la vida ordinaria y en contra de la adversidad, aprendan a conocer mejor a su pareja y a conocerse mejor a sí mismos como esposos y padres, y que en todo caso decidan si deben o no contraer nupcias.

En abril de 2010, se sostuvo en Roma un seminario internacional convocado por el Pontificio Consejo para la Familia. El evento tuvo participación de los cinco continentes y se discutieron diferentes aspectos de la vida familiar. Al final, se ofrecieron al Pontificio Consejo propuestas de pastoral familiar, mismas que son evaluadas por la Santa Sede y probablemente,  se pongan en marcha. Dos de estas iniciativas involucran fuertemente el aspecto de la formación pre-matrimonial. La más relevante consiste en requerir que las parejas que desean contraer matrimonio se preparen formalmente por un periodo de seis meses. De tal relevancia es esta iniciativa y de tal obligatoriedad sería esta medida, que de aprobarse, implicaría una enmienda al Código de Derecho Canónico, a fin de establecer de manera legal la necesidad de esta formación previa.

El fraile franciscano Giancarlo Greco, quien ocupa un cargo importante en el Pontificio Consejo para la Familia, ha explicado al respecto de esta medida en cuestión que “el derecho a contraer matrimonio es un derecho natural pero debería ser reglamentado. Esta formación serviría para evaluar si la pareja ha adquirido la necesaria madurez”.

En seis meses de formación rigurosa mucho se puede aprender, descubrir, reflexionar y discernir. Desde el arte del diálogo en pareja hasta la psicología de cada uno, pasando por el sentido de la alianza sacramental sellada con Dios. Del sentido del amor, el respeto y la fidelidad hasta las maneras de resolver conflictos y perdonar. De los métodos naturales de planificación hasta el amor a los hijos, pasando por su formación en valores. Incluso la administración de la economía doméstica que tantas veces es motivo de tensiones o al menos de preocupaciones cuando la pareja no sabe planear y administrar sus dones materiales.

Tanto en verdad se puede aprender en seis meses. ¡Y vaya que se necesita! Me consta por experiencia personal. Seis meses antes de casarnos, mi novia y yo decidimos prepararnos formalmente. Bosquejamos un plan de estudios cubriendo los aspectos que acabo de listar, y además de estudiarlos rigurosamente, cada semana nos dábamos cita con un director espiritual para guiar nuestro camino. Tras 11 años de matrimonio y ver cuántos de mis amigos han quedado en el camino, sospecho que esta formación ha valido la pena. Te confieso lectora, lector querido, que muchas veces no ha sido fácil. A fin de cuentas ningún matrimonio es siempre color de rosa. Pero sin duda que mucho de lo que aprendimos juntos a lo largo de esos seis meses nos ha ayudado a pasar por los momentos oscuros con más seguridad. Es por ello que me entusiasma esta iniciativa que por el momento analiza el Pontificio Consejo para la Familia, y pido a Dios que se llegue a implementar. Por el bien de las personas, por el bien de las parejas, por el bien de las familias, por el bien de todos.

Por su parte, el Instituto Superior de Estudios para la Familia ofrece licenciatura, maestría y diplomados en Ciencias de lal Familia.  Sus ofertas son presenciales y en línea, por lo que es posible realizar estos estudios desde cualquier parte del mundo.

En realidad, casi nadie llega al matrimonio graduado en Ciencias Matrimoniales. Finalmente, es el amor apoyado en Dios el motor y sostén de toda pareja. Pero si importante es llegar a la guerra bien armado, cuánto más lo es llegar bien preparado ante el altar de Dios. Y entonces sí, con plena conciencia y convicción que solidifican el amor más apasionado, tomar de la mano a la persona amada, mirarla a los ojos, y decirle desde lo más profundo del alma: “Yo te acepto a ti como mi esposa(o) y prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, y amarte y respetarte por todos los días de mi vida”.

¡Apasiónate por Nuestra Fe!

Ante el Suicidio de una Persona Amada

Mauricio I. Pérez
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Escrito para “La Familia Cristiana”, Venezuela, Febrero 2010. (c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados. Prohibida su reimpresión o publicación digital en cualquier sitio web sin el permiso expreso del autor.
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En las últimas seis semanas, tres veces me ha escrito alguien distinto para pedirme el mismo favor: mi oración por un pariente que acaba de quitarse la vida. Cada uno, de culturas diferentes. Cada uno, de países diferentes. Pero cada uno, en idénticas condiciones. Tras una discusión con su mujer, se encerraron con llave en su dormitorio y un par de horas después, se dieron un tiro. Si el suicidio de una persona es siempre una tragedia, el suicidio de tres personas en idénticas condiciones me resulta realmente alarmante.

El hecho de que estas tres tragedias se hayan manifestado por igual dentro del ambiente familiar me motiva fuertemente a compartir una reflexión contigo, lectora, lector querido. Puede ser que en tu familia también haya sucedido algo similar un tiempo atrás. O quizás actualmente alguien cercano a ti te ha confiado una y otra vez su deseo de ya no vivir. Es por eso que este tema resulta de nuestro interés.

¿Qué conduce a las personas a quitarse la vida? ¿Cuán terrible debe ser su tristeza, miedo y depresión que las lleva a preferir morir a seguir viviendo? Es quizás en algunos casos un cúmulo de frustraciones sin resolver lo que lleva a alguien a tan fatídico desenlace, a veces incluso con la intención de dar una lección a aquellos que se queden, cargándolos con la culpa de su trágica decisión.

Es casi imposible viajar al interior de las personas que llegan a este desenlace. Los complejos mecanismos de la mente y de los sistemas neurológicos y bioquímicos son difíciles de descifrar en muchas ocasiones. Mas algo es un hecho: el suicidio casi nunca es un evento espontáneo. Es algo que se va considerando con el tiempo, una idea que se va madurando en el interior, que se va planeando poco a poco, hasta que se concreta. Las más de las veces acompaña una tremenda depresión y casi siempre –si no es que siempre- el suicida comienza a hablar de su deseo de quitarse la vida, de su deseo de ya no vivir en este mundo, de lo que sería de su familia si él no estuviera. ¡Alerta! Todas estas señales nunca deben menospreciarse, pues son indicativos contundentes de que la persona que habla de suicidio, lo está considerando en verdad.

Como mecanismo de defensa, todos tendemos a desdeñar la información negativa. Mientras más negativa, más la rechazamos y así preferimos al escuchar este tipo de comentarios, cambiar el tema de la conversación, pensar que se trata de una broma de mal gusto, o cuando más, tachar de exagerado y melancólico a quien nos abre su más tenebroso interior. Por el contrario, debemos tomar siempre en serio estos comentarios y actuar en consecuencia. Será importante platicar a fondo con la persona que considera el suicidio para tratar de encontrar con ella la raíz de tal deseo, y así encontrar con ella cómo dar la vuelta a la situación. Probablemente sólo falte más compañía, pero tal vez también se requiera ayuda psiquiátrica.

No obstante, en muchos casos alguien llega a cometer suicidio y ciertamente sus familiares y amigos pasan por sentimientos que van del shock al enojo, de la frustración a la culpa y de la depresión a la angustia. Una angustia que frecuentemente es producida por la incertidumbre del destino final del suicida: ¿Será condenado por su acto? ¿Hay esperanza de redención para alguien que a fin de cuentas, atentó contra la sacralidad de la vida creada por Dios? ¿Acaso el suicidio no es un pecado contra el quinto mandamiento de la Ley de Dios que prescribe “No matarás”?

Resultaría imposible, atrapados por el sentimentalismo, pretender negar la responsabilidad de quien ha atentado contra su propia vida. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que:

2280 Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. El sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

Hay motivaciones que hacen aún más grave el suicidio. Como advierte el Catecismo:

2282 Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral.

Sin embargo, quien se quita la vida no siempre es totalmente responsable de su decisión fatal. Continúa el mismo párrafo del Catecismo:

Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

Es por esto último que ante la duda de la posible condenación del alma de quien se ha quitado la vida, debemos siempre confiar en la infinita misericordia de Dios.

2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que El solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.

Cuando alguien se ha quitado la vida, no debemos juzgarlo. Primeramente porque no conocemos realmente qué sucedió en su interior. Además, porque Cristo murió en la cruz por todos y resucitó para que igualmente, todos tengamos vida eterna. Dios es capaz de todo, y en el último aliento de vida, pudo dar a la persona suicida el tiempo necesario para darse cuenta de la magnitud de su acto y expresar su arrepentimiento. Es nuestro deber más bien, coadyuvar a la redención de quien optó por deshacerse de la vida que Dios mismo le dio, a través de nuestra oración ferviente y del ofrecimiento de la Santa Misa por el eterno descanso de nuestra persona querida. Por otro lado, nunca debemos olvidarnos de un poderosísimo recurso que Dios nos ha regalado a través de la Iglesia: la indulgencia plenaria. Es en estos casos cuando debemos aprovechar de este don, y hacer lo necesario por ganar una indulgencia plenaria para permutarla en favor de la persona que deliberadamente, se nos adelantó en el camino.

La Respuesta de Dios ante el Mal

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Escrito para “La Familia Cristiana”, Venezuela, Abril 2010.
(c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados. Prohibida su reimpresión o publicación digital en cualquier sitio web sin el permiso expreso del autor.
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El mal puede ser la puerta al ateísmo para aquellos cuya fe es débil. Pero ante el mal, Dios tiene en verdad la última palabra.
Por: Mauricio I. Pérez

“¿Todavía crees en Dios? Maldice a Dios y muérete.” (Jb 2,9) Son estas las palabras que explotan de la más brutal desesperanza de la mujer de Job ante el drama de su marido que bien conocemos. Cuando no se tiene fe, el mal es capaz de llevar a las personas a culpar a Dios, a detestarlo y en el peor de los casos, a negarlo.

Un antiguo juego de silogismos ha flotado por largo tiempo en la mente de algunos: O Dios quiere quitar el mal del mundo, pero no puede. O puede, pero no quiere. O no puede ni quiere. O puede y quiere. Si quiere y no puede, no nos ama. Si no quiere ni puede, no es el Dios bueno, y además es impotente. Si puede y quiere –y esto es lo único que como Dios le cuadra- ¿de dónde viene entonces el mal real y por qué no lo elimina?

En estos razonamientos podemos notar cómo el más grande alegato en contra de Dios, es la cuestión del mal. Si Dios existe y es infinitamente bueno, ¿por qué hay mal? Padecer el mal entonces, para muchos cuya fe es débil –como la mujer de Job- termina siendo motivo para dejar de creer en Dios. De alguna manera el mal es para algunos la puerta abierta al ateísmo.

Dios existe, y el mal en sí mismo, no. Porque Dios es el creador de todo, todo lo que ha creado es bueno. Vemos en Gn 1 que 7 veces Dios “vio que era bueno” lo que había creado para resaltar así la totalidad de la bondad de su creación. Dios creó también la luz y el sonido. Pero no la oscuridad ni el silencio. Llamamos oscuridad a la ausencia de luz. Llamamos silencio a la ausencia de sonido. Llamamos mal a la ausencia de bien. Dios permite la ausencia de luz y de sonido -¡Y vaya que muchas veces parece que Él mismo se nos calla cuando más precisamos escuchar su voz!-. De igual forma, permite la ausencia del bien. Pero en medio de la oscuridad, siempre resurge la luz. En medio del silencio siempre vuelve a escucharse el sonido. Y en medio del mal, siempre brota el bien.

Llamamos entonces mal, a la ausencia del bien. El mal se padece a tres niveles: físico, psíquico y social. La mayor consecuencia del mal es indudablemente la muerte. Sin embargo, desde que el pecado entró en el mundo, la reacción de Dios fue advertir a la serpiente de Aquél que es fruto del linaje de la mujer y que un día le pisará la cabeza mientras acecha la serpiente su talón. Este versículo, Gn 3,15, es conocido como el proto-Evangelio. El primer evangelio, la primera buena nueva. Dios reacciona ante el mal dando una buena nueva, prometiendo un Redentor.

Ese Redentor no es otro que el Hijo mismo de Dios, que se encarna. Al hacerse hombre, enfrenta el mal a lo largo de su vida. Pero el mal no lo deslumbra. A pesar de percibir el mal con una nitidez sublime, Jesús es al mismo tiempo capaz de ver los lirios del campo que florecen y ha tenido oídos para escuchar a los pájaros del cielo. Jesús enfrenta el mal en el marco de una capacidad excepcional para el gozo, la serenidad y la paz. De esta manera, se siente mensajero de un anuncio que es buena noticia, contagia paz a los demás, transmite confianza, garantiza perdón, elimina la enfermedad, incluso devuelve la vida a algunos. Todo al mismo tiempo que es tentado por el diablo, acosado por escribas y fariseos, incomprendido por sus apóstoles y finalmente traicionado, vendido y negado y sentenciado a la ignominia de la muerte en la cruz.

El mal se percibe en tres ámbitos: físico, psíquico y social. Siempre el mal trae sufrimiento. La máxima expresión del sufrimiento la encontramos en Jesús mismo, cuando ora en Getsemaní minutos antes de ser aprehendido. Tan intensa es su angustia que llega a sudar sangre como refiere Lucas. Jesús pide al Padre que el cáliz que ha de beber pase de largo, y el Padre no responde. Jesús necesita entonces el consuelo de sus amigos, pero estos duermen y lo dejan solo a su suerte. Jesús anticipa lo que le espera porque sabe de memoria el Canto del Siervo Sufriente en que Isaías predijo con lujo de detalle los ultrajes que habría de padecer. No tiene consuelo de sus amigos. No tiene respuesta de su Padre. En cualquier momento llegarán a apresarlo. En cuestión de horas lo martirizarán al extremo. No pasará un día entero para que muera, y en una cruz. La respuesta de Jesús a esta situación es sorprendente. Responde movido por el amor. Y así, sin comprender, padeciendo la náusea del terror y la profunda tristeza de muerte que lo ha invadido, se abandona con confianza a su Padre. “Que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.

Jesús responde al mal fundamentalmente con su amor. La respuesta de Dios al mal es el amor y siendo Jesús la última Palabra del Padre, él mismo encarna, vive y ofrece ese amor que es respuesta al mal.

Las personas menos dignas de ser amadas, pecadores públicos, leprosos, pobres, ignorantes, son las más amadas por Jesús, precisamente porque no pueden dar nada a cambio del amor que se les ofrece gratuitamente. Las situaciones más desesperadas, sospecha de blasfemia, marginación social, renuncia a toda forma de poder, dolor físico y psíquico, son no solamente soportadas por Jesús, sino acogidas, asumidas, justamente porque en ella se alumbra la posibilidad insospechada de esperar contra toda esperanza.

Pero para eso, es preciso amar al mismo tiempo que se tiene fe. Jesús no comprende el mal que padece. En la cruz llegará a exclamar “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Y es que al igual que nos sucede a nosotros en nuestras vidas, llega un momento en que también para Jesús se borraron todas las respuestas y se quedó sólo un por qué. Pero Jesús ha creído en Dios justamente desde el por qué sin respuesta. Jesús no cree en Dios a pesar del dolor y la falta de respuesta, sino más bien desde la experiencia del mal. Jesús cree en Dios que es su Padre, en medio del dolor y del silencio. Por creer en su Padre, Jesús sabe que éste tiene en sus manos el control de toda la situación. Y así, Jesús es capaz de abandonarse totalmente hasta poder gritar con plena convicción “Todo está consumado”. Nada quedó inconcluso ni pendiente. Así como se abandonó en Getsemaní asumiendo la pasión que apenas daba inicio y entregándose –que no sometiéndose- voluntariamente a las autoridades que lo apresaban, en la cruz se abandona y entrega a la muerte. El Padre se hará cargo. Y finalmente resucitará.

Jesús no se resignó al mal ni a su propia muerte. Jesús no fue sometido por las autoridades ni vencido. Jesús se entregó, dio la vida y venció. Si la muerte es la peor consecuencia del mal, de la ausencia del bien, Dios responde a esa muerte con la expresión más contundente y avasalladora de su Poder y de su amor: la resurrección de su propio Hijo, con la cual queda garantizada la resurrección de todos los hijos de Dios.

Jesús es la última Palabra de Dios. Su Palabra más excelsa. Su Palabra más contundente. Y Jesús es amor. Un amor que es la respuesta de Dios al mal.

¿Cómo responde al mal el ateo que se niega a creer en Dios? ¿Con protesta? ¿Con angustia? ¿Con resignación? El que cree verdaderamente en Dios por su parte, tiene la respuesta precisa para el mal: Confiar en el amor todopoderoso de Dios, y en Jesús que por amor murió y resucitó. El sepulcro está vacío…

¿Piensas Divorciarte? Lee Primero estas Líneas

Mauricio I. Pérez

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Escrito para “La Familia Cristiana”, Venezuela, Noviembre 2009.
(c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados. Prohibida su reimpresión o publicación digital en cualquier sitio web sin el permiso expreso del autor.
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Una situación que debemos enfrentar cada vez más comúnmente es cuando llega una persona cercana a nosotros y nos comenta que su matrimonio se encuentra en serios problemas y por ello está considerando como opción –y “solución”– la separación, si no es que el divorcio. Un divorcio que era llamado sabiamente por el Papa Juan Pablo II “el cáncer de la sociedad” dado que va invadiendo, fragmentando y dando muerte a las células básicas de la sociedad, que son las familias. Un cáncer que a la vez va fragmentando a los miembros de cada familia afectada, quienes pasan por crisis internas que las más de las veces los dejan marcados de por vida.

Una tendencia común es que cuando alguien busca a una persona cercana y le comparte esta situación, ésta última tiende a ofrecer su incondicional apoyo a lo que la persona decida: Si decide separarse, el apoyo es incondicional. Si decide divorciarse, el apoyo es total. No podemos negar que todas las personas siempre quieren ayudar a sus seres queridos. Pero este tipo de apoyo es inadecuado pues pretende siempre solapar de alguna manera la decisión equivocada que alguien tome. Y así, lejos de realmente apoyar y ayudar a que se corrija el problema, se contribuye a que este cáncer crezca invadiendo la familia de la persona que ha recurrido a nosotros para externarnos su crisis familiar.

Probablemente en nuestras manos no está ayudar a superar este tipo de crisis de manera directa pues tal vez no seamos expertos en terapia familiar. Mas no estamos solos y estas parejas en crisis, menos. Existen recursos que resultan infalibles cuando se aprovechan.

Algo que no debe pasarse por alto es platicar con un sacerdote. Él puede siempre orientar a las personas, de manera individual y también como pareja, a la luz de la fe, algo que resulta de crucial importancia pues es un sacramento lo que está en juego. Algunas personas en estos casos desdeñan el consejo de los sacerdotes considerando que por ser hombres célibes, por más libros que hayan leído sobre el matrimonio no pueden en realidad comprenderlo al no haberlo vivido. Nada más falso. Un médico no necesita haberse enfermado de cáncer para poder curarlo. Además, es un hecho que si alguien está considerando el divorcio, no puede jactarse él mismo en lo absoluto de ser un experto en asuntos matrimoniales. Es mejor recurrir a un sacerdote.

Sin duda que uno de los medios más importantes, trascendentes y que ha traído enormes beneficios a miles de parejas que desde 1977 han podido salvar sus matrimonios, es Retrouvaille (www.retrouvaille.org). Un apostolado de origen canadiense que actualmente brinda apoyo a las parejas en varios países. Resulta notable enterarse que el matrimonio que actualmente preside Retrouvaille a nivel internacional, Frank y Julie Laboda, recientemente fueron nombrados por el Papa Benedicto XVI consultores para el Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede. La peculiaridad de este matrimonio es que hace muchos años estuvieron ellos mismos al borde del divorcio. Frank fue infiel a su mujer. Reconoció su falta y trató de remediarla, pero como es típico en estos casos, los años subsecuentes fueron terribles para ambos. El remordimiento y el resentimiento no eran buenos puentes de comunicación y tras algunos años consideraron la separación definitiva. Retrouvaille salvó su matrimonio y hoy presiden ellos mismos este apostolado. Varios años después, el Papa en su sabiduría pastoral ha elegido como consultores del importante dicasterio vaticano dedicado a la familia, no a un matrimonio de santos que siempre han sabido amarse, respetarse y serse fieles como se prometieron en el altar. Más bien, el Papa ha elegido a una pareja que de la infidelidad y la amargura y al borde del divorcio, encontró el puente a la salvación y que desde ahí ha dedicado su vida apostólica a ayudar a salvar muchísimos matrimonios. Y es que los Laboda cuentan con la contundencia del testimonio personal. A ellos nadie les puede decir que un matrimonio en crisis no tiene salvación, y mejor aún, conocen ellos la fórmula para lograrlo. El Papa también lo sabe, y por eso les ha dado tan importante cargo.

Retrouvaille es un apostolado católico, pero su labor ayuda también a parejas de otras denominaciones cristianas o de otras religiones. Además de los encuentros eminentemente católicos que cuentan con la presencia de un sacerdote y la celebración de la Santa Misa, hay encuentros dedicados a parejas que profesan una fe distinta. El proceso inicial consiste en un fin de semana al que la pareja asiste con otras que atraviesan situaciones similares. No se trata de un retiro espiritual ni de un fin de semana de terapia en pareja, mucho menos de terapia de grupo. En este fin de semana se aprenden las técnicas de Retrouvaille de boca de parejas que han salvado su matrimonio empleándolas ellos mismos. Son técnicas para mejorar el diálogo en pareja, para profundizar en la comprensión recíproca, para perdonar y perdonarse y para mantener viva la llama del amor de una manera real y no idílica. Ciertamente que para las parejas que están al borde del divorcio, este fin de semana no es suficiente y por ello hay sesiones posteriores de seguimiento.

Es un hecho innegable que la pareja que hoy está en crisis, un día llegó al altar impulsada por un amor tan profundo que se desbordaba del corazón. Un amor que ya no cabía en la persona y por ello necesitaba convertirse en donación. Un amor que brotó de una admiración recíproca, del placer de estar juntos, de saberse amados y del tener a quien amar. Un amor que se fraguó en noches de insomnio pensando en la persona amada; en tardes de silencio contemplativo uno al lado del otro, sin decirse nada; en ínfimos detalles de los que brotaban cosas bellas.

Quien ha pensado en el divorcio, debe hacer un alto y viajar al pasado. Revivir en su interior esas experiencias y recordar aquello que le hacía palpitar el corazón con frenesí. El redescubrimiento de la belleza del otro, de su bondad y de sus más puras cualidades es siempre un eficaz medio para comprender que efectivamente, por esa persona valió la pena jugarse la vida y caer de rodillas ante el altar de Dios para prometer amor, respeto y fidelidad por todos los días de la vida.

No permitamos que el divorcio invada más células familiares. Pongamos coto a su avance. El matrimonio y la familia valen la pena y por ello vale la pena hacer el último esfuerzo por salvarlo. Con la gracia de Dios y nuestra buena voluntad, además de los recursos mencionados en estas líneas, es posible hacer realidad el sueño del amor eterno.