En la Familia Hay que Arriesgarse a Amar – El Papa en Guayaquil

El 6 de julio, en su visita al Ecuador, el Papa Franciso ha celebrado la Santa Misa ante 1.2 millones de fieles congregados en el Parque de los Samanes en Guayaquil. Millones más seguían con emoción la misa a través de la televisión y la internet. Los fieles, que llevaban horas congregados en los campos del que habrá de convertirse en el tercer parque urbano más grande de América Latina, gritaban con ansiedad y algarabía “¡Queremos ver al Papa!, ¡Queremos ver al Papa!” mientras el sucesor de san Pedro se revestía para celebrar la liturgia.

El Santo Padre quiso que las lecturas, el salmo y el evangelio estuvieran dedicados a la familia. Tema de gran relevancia, siendo la familia una de las prioridades pastorales para la Iglesia, de cara al Encuentro Mundial de las Familias a verificarse en Filadelfia este septiembre y al Sínodo Ordinario de Obispos que tendrá lugar al mes siguiente en octubre.

En su homilía, Francisco guió a los fieles en un itinerario por las Bodas de Caná, perícopa leída en el Evangelio. De la mano, nos llevó a contemplar la preocupación de María convertida en súplica a Jesús, al ver que faltaba el vino.

El Papa explicó que las Bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, en amores fecundos, en amores alegres.

Francisco destacó cómo María está atenta en esas bodas ya comenzadas. Es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo. Su amor la hace ser hacia los otros. Tampoco busca a las amigas para comentar lo que está pasando y criticar la mala preparación de las bodas. Y como estando atenta, con su discreción, se da cuenta de que falta vino.

El Papa explicó que el vino es signo de alegría, de maor y de abundancia. Pero advirtió cómo:

  • Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hacer rato que ya no hay de ese vino.
  • Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue. Cuándo el amor se escurrió de su vida.
  • Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de su familia, abandonados y ya sin beber del amor cotidiano de sus hijos, de sus nietos de sus bisnietos.

El Santo Padre reconoció que la carencia de ese vino puede ser efecto de la falta de trabajo, enfermedades y situaciones problemáticas de las familias.

Luego nos hizo darnos cuenta de que María no es una madre reclamadora. Tampoco es una suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, de nuestros errores o desatenciones. María es simplemente Madre. Ahí está, atenta y solícita. Francisco encontró lindo escuchar que “María es Madre” y animó a los fieles a repetir tres veces en voz alta, junto con él: “María es Madre, María es Madre, María es Madre.”

El Papa señaló que María, al percatarse de la falta de vino, acude con confianza a Jesús. Esto significa que María reza. Va a Jesús, reza. No va al mayordomo. Directamente le presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora “¿Y qué podemos hacer tú y yo? No ha llegado mi hora.” Pero entretanto –observa Francisco– ya ha dejado el problema en las manos de su hijo. Apresura la hora de Jesús y ella es parte de esa hora desde el pesebre a la cruz.

Con belleza poética, el Papa nos hizo darnos cuenta de que María supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús con pañales y una montaña de ternura. Así, ella nos enseña a dejar nuestras familias en manos de Dios. Nos enseña a rezar encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones también son preocupaciones de Dios. Y rezar siempre nos saca del perímetro de nuestros desvelos. Nos hace trascender lo que nos duele, nos agita o nos falta.

El Papa destacó que en la familia, todos valen lo mismo, recordando que su mamá decía que a sus cinco hijos los quería como a cada dedo se su mano. Una madre quiere a sus hijos como son y en una familia los hermanos se quieren como son. Nadie es descartado. Allí en la familia se aprende a pedir permiso sin avasallar. A decir gracias como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos. A dominar la agresividad o la voracidad. Y allí se aprende también a pedir perdón cuando hacemos algún daño, cuando nos peleamos. Porque, como reconoció el Santo Padre, en toda familia hay peleas. El problema es después pedir perdón.

El Santo Padre listó varias facetas de la familia:

  • La familia es el hospital más cercano.
  • La familia es la primera escuela de los niños.
  • Es el grupo de referencia imprescindible para los jóvenes.
  • Es el mejor asilo para los ancianos.
  • Constituye la gran riqueza social que otras instituciones no pueden sustituir.

Francisco agregó que la familia también forma una pequeña iglesia. La llamamos iglesia doméstica, que junto con la vida encauza la ternura y la misericordia divina. En la familia, la fe se mezcla con la leche materna. Experimentando el amor de los padres, se siente más cercano el amor de Dios.

El Papa nos hizo no olvidarnos cómo en la familia, los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano. Y muchas veces no es el ideal, lo que soñamos, ni lo que debería ser.

Francisco distinguió un detalle que nos debe hacer pensar: El vino nuevo en las bodas de Caná nace de las tinajas de purificación. Es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado, nacen de lo peorcito (sic), porque donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y en la familia de cada uno de nosotros nada se descarta.

Finalmente, con su acostumbrada sensibilidad pastoral, sabiendo cómo muchos se sienten afligidos, apesadumbrados y temerosos ante los diferentes embates que enfrentan las familias en estos tiempos, el Papa Francisco concluyó su homilía con un mensaje de esperanza. El Papá nos recordó que toda esta historia comenzó porque no tenían vino en las bodas de Caná. Y todo se pudo hacer porque una mujer, la Virgen, estuvo atenta. Supo poner en manos de Dios sus preocupaciones y actuó con sensatez y coraje. Pero hay un detalle que no puede pasar inadvertido y que para el Papa no es un detalle menor: Al final gustaron el mejor de los vinos y ¡esa es la buena noticia! El mejor de los vinos está por ser tomado. Lo más lindo, lo más profundo y lo más bello para la familia está por venir. Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos y los mayores están presentes en el gozo de cada día.

Está por venir para cada persona que se arriesga al amor. En la familia hay que arriesgarse al amor, hay que arriesgarse a amar. Y el mejor de los vinos está por venir aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario. El mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. El Papá exhortó: “Murmúrenlo hasta creérselo. El mejor vino está por venir. Murmúrenselo cada uno en su corazón y susúrrenselo  a los desesperados. Tené paciencia, tené esperanaza, rezá, actuá, porque el mejor de los vinos va a venir.”

Francisco subrayó que Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que solo tienen para beber desalientos. Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos a los que por alguna razón ya sienten que se les han roto todas las tinajas.

El Papa nos pidió que como María nos invita, hagamos lo que el Señor nos diga. Y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recupera el gozo de la familia, el gozo de vivir en familia.

Que así sea.

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Mauricio I. Pérez www.semillasparalavida.org

Consejo de Derechos Humanos de la ONU: Familia Natural es el Ambiente Propicio para Educación de Niños

El 3 de julio de 2015, el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU ha cerrado su sesión 29 en Ginebra, Suiza. Se ha votado a favor de la propuesta titulada “Protección de la Familia. La contribución de la familia a la realización del derecho de sus miembros a un estándar adecuado de vida, particularmente por su rol en la erradicación de la pobreza y la consecución del desarrollo sostenible.”

Esta resolución hace eco al texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU acerca de la familia como “unidad natural y fundamental de la sociedad” . A la vez, afirma que la familia es el “ambiente natural” para la educación y el desarrollo de los niños.

El tema de la familia resultaba relevante para el Consejo de Derechos Humanos en esta asamblea, que inció el 15 de junio. La razón es el vigésimo aniversario de la celebración del Año Internacional de la Familia, que tuvo lugar en 1995. Esta resolución es de gran importancia, pues es la primera vez que la ONU, a través de este consejo, adopta una resolución acerca de la familia.

La resolución no ha sido bien acogida por países que han dado legal y hasta constitucionalmente a las parejas del mismo sexo el mismo estatus que al matrimonio formado entre un hombre y una mujer. Ningún país europeo con representación en el consejo, votó a favor. Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Brasil, México, Uruguay, Argentina, Paraguay, Chile y un sector de las organizaciones de la sociedad civil protestaron enérgicamente a través de sus ministros de asuntos exteriores y representantes diplomáticos. Su intención era que a la resolución fueran añadidas “familias LGBT” y “diversas familias”.

Sin embargo, todos estos afanes por boicotear esta importante resolución que justo en estos tiempos reafirma el valor de la familia natural, no llegaron a ningún lado.Y es que además de todos los países africanos, que se manifestaron en pro del texto de la resolución, reaccionaron en apoyo 140 organizaciones pro-familia y pro-matrimonio. Se sumaron además 200 entidades de todo el mundo, entre ellas Profesionales por la Ética. Quienes apoyaron la resolución ofrecieron una enmienda que reconozca al matrimonio como “unión entre hombre y mujer” en caso de que la contrapropuesta de agregar “varias formas de familia” llegara a colarse en el texto.

El resultado de la votación final, llevada a cabo el viernes 3, arrojó resultados incluso mejores que los esperados por los defensores de la familia y del matrimonio entre hombre y mujer. La Resolución L.25 fue aprobada con 29 votos a favor, 14 en contra y cuatro abstenciones.

Como resultado de esta resolución, se sostendrá un panel sobre la protección de la familia durante la próxima sesión del Consejo de Derechos Humanos en septiembre.

Importante victoria a nivel internacional de la familia y el matrimonio entre hombre y mujer. La Resolución L.25 del Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas brinda protección a la familia natural y reconoce su papel indispensable para el desarrollo humano.

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Mauricio I. Pérez
www.semillasparalavida.org

Esta nota fue escrita originalmente para Aleteia.org

Lo que un Día Fue, No Será

Aquellas personas y experiencias que un día llenaron nuestra vida y que nunca volverán

Publicado originalmente en la revisa Northwest Catholic, en la edición de julio, 2015.

Todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Su tiempo el nacer y su tiempo el morir … su tiempo el llorar y su tiempo el reír … su tiempo el abrazarse y su tiempo el separarse.” (Eclesiastés 3,1-2; 4; 5) Sabias palabras con que Qohelet describe los ciclos de la vida que Dios nos ha dado.

Cuántas cosas en la vida hemos disfrutado y se han quedado atrás para no volver. Hay tiempo para cubrir de besos un bebé y tiempo de ver partir un hombre y formar su propio hogar. Hay tiempo de practicar un deporte y tiempo para verlo por TV porque nuestra edad solo eso permite. Su tiempo tiene estudiar entre un círculo de amigos por muchos años y su tiempo el que cada uno tenga que escribir su propia historia hasta el final, sin poder volver a convivir. Su tiempo tiene el sentarse a conversar con nuestros padres y su tiempo solamente recordar aquellas tardes de amena charla que tanto disfrutábamos y en que tanto aprendimos.

Al pasar los años y volver la vista atrás, vemos que como estela que deja una barca al surcar las aguas, va quedándose una lista de cosas, personas y experiencias que en algún momento llenaron nuestra vida, pero que nunca volverán. Quisiéramos volver al pasado y ser niños para jugar con nuestros amigos. Encontramos por accidente un álbum y al ver sus fotografías una lágrima escurre por nuestra mejilla al volver a ver personas amadas que crecieron, que se alejaron o que ya están en el cielo. Vemos un deportista correr por el parque y añoramos cuando teníamos la fuerza para hacer lo mismo. Caminamos frente a la juguetería y quisiéramos comprar una muñeca para la niña que ahora es una señora. Añoramos la incomparable Navidad con nuestra familia que ya no se puede celebrar igual. Incluso, quienes hemos ido a vivir a un país lejano, añoramos ese platillo que no volveremos a probar.

Cosas, experiencias y personas que alguna vez fueron pero que ya nunca serán. Todo tiene un tiempo y cada cosa su momento bajo el cielo. Hay un tiempo para tener ciertas cosas, vivir ciertas experiencias y conocer ciertas personas y un tiempo para recordarlas y para ser agradecidos con Dios. Porque cada una de esas cosas, experiencias y personas que llenaron nuestra vida en algún momento, fueron todas, bendiciones de Dios. Y por cada una, debemos estarle eternamente agradecidos.

Nunca te lamentes por lo que un día fue y no será más. Siempre agradece a Dios porque alguna vez pudiste tener, pudiste vivir y pudiste conocer. Da gracias a Dios porque muchas otras personas jamás tuvieron aquello que tuviste, vivieron lo que viviste o conocieron a quienes conociste.

Nunca te quejes de lo que ya no podrá ser. Da gracias a Dios de que aunque ya no lo tengas, te lo concedió en algún momento de tu vida. Y por haberlo vivido, valió la pena. “El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, ¡bendito sea el nombre del Señor!”  (Job 1,21)

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¿Cómo Ayuda la Iglesia Católica a los Inmigrantes y Refugiados? Entrevista a Mons. Eusebio Elizondo, M.Sp.S.

Publicado originalmente en aleteia.org en junio 2015.

La intención universal del apostolado de la oración del Santo Padre Francisco para el mes de junio es: ”Para que los inmigrantes y los refugiados encuentren acogida y respeto en los países a donde llegan.” A lo largo de su pontificado, inmigrantes y refugiados han sido una de las prioridades pastorales del Papa Francisco.

En los Estados Unidos habitan millones de inmigrantes, muchos de ellos indocumentados. Igualmente, se cuenta un número significativo de refugiados que han huído de sus países por diferentes motivos. La Iglesia Católica en este país realiza una tarea pastoral importantísima para brindar auxilio no solo espiritual, sino también legal y de asistencia social a los inmigrantes y refugiados. El Comité para el Servicio a los Migrantes y Refugiados de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, es actualmente presidida por Mons. Eusebio Elizondo, M. Sp. S.

Este misionero del Espíritu Santo, mexicano, fue el primer obispo nombrado por el Papa Benedicto XVI hace 10 años. Mons. Elizondo ha sido el obispo auxiliar de la arqudiócesis de Seattle desde el 6 de junio de 2004.

Como primicia para Aleteia, Mons. Elizondo me ha concedido una entrevista en que conversamos acerca de lo siguiente:

-¿Cómo fue un obispo mexicano elegido para presidir este comité en los Estados Unidos?

-¿Qué hace el comité en favor de los inmigrantes?

-¿Qué hace en favor de los refugiados?

-¿Qué hace para combatir el tráfico de personas y la esclavitud?

-¿A dónde pueden recurrir los inmigrantes y refugiados que necesitan ayuda?

-¿Cómo podemos apoyar los católicos los programas e iniciativas de este comité?

Escucha aquí el audio de la entrevista aquí.

Para mayor información:

Sitio web del Comité para el Servicio a Migrantes y Refugiados de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos.

La Campaña SHEPHERD para prevenir y combatir la trata de personas, la explotación y la esclavitud.

CLINIC, la red católica de apoyo legal a inmigrantes.

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El Tonto Desprecia la Corrección de su Padre

Nuestro padre nos llevará siempre ventaja porque ha vivido más que nosotros

Publicado originalmente en la revista Northwest Catholic, en la edición de junio 2015.

Dios nos ha revelado en los Proverbios una serie de refranes, máximas y sentencias que nos ayudan a vivir. Al celebrar en junio el Día del Padre nos conviene reflexionar acerca de este proverbio: “El tonto desprecia la corrección de su padre, el sensato acepta las advertencias.” (Proverbios 15,5)

Dios siempre nos bendice en la vida a través de alguien más. Así, cuando nacemos Dios pone ante nosotros un representante de su propia paternidad divina: nuestro papá. Nacemos sin saber nada y mucho de lo que aprendemos, lo debemos a nuestro padre. Un padre que siempre nos llevará ventaja porque no importa cuán adultos lleguemos a ser un día, él siempre habrá vivido más. Por ello, nuestro padre siempre ha gozado más, ha sufrido más, ha cometido más errores y ha enmendado su camino más veces que nosotros.

Pero, qué difícil resulta para tantos dejarse corregir por su padre cuando cometen un error. Lo mismo el niño caprichoso que el adolescente rebelde que el adulto arrogante se resisten a ser corregidos por su padre. Ignorando no solamente lo mucho que ha vivido y la experiencia que ha adquirido, sino desdeñando sobre todo el gran amor de un padre que corrige por el solo motivo de hacer que su hijo salga adelante, enderece el camino, corrija sus pasos y deje atrás los errores que lo frenan en su caminar por la vida.

Por eso el libro de los Proverbios también advierte que “el hombre que se obstina ante la corrección, será destruido pronto y sin remedio”. (Proverbios 29,1) Y es que el que se rehúsa a ser corregido por su padre, indudablemente se mantiene en el error. Y quedarse voluntariamente en el error, es definitivamente, como dicen estos proverbios, tonto. Lo sensato es pues, como también indican los proverbios, aceptar las advertencias de nuestro padre.

Al celebrar a papá este mes, te invito a recordar cuántas veces te has rehusado a ser corregido por tu padre. Lo habrás hecho pensando, o incluso diciendo frases dolorosas: “¿Qué va a saber, si no tiene mis estudios?” “¿Cómo se atreve a corregirme, si él ha cometido peores errores?” “¿Para qué escucharlo si ya está viejo y chocheando?” Reconoce que si no tiene tus estudios, gracias a él es que tú sí los tienes. Date cuenta de que si ha cometido errores peores, él mejor que nadie sabe por qué tú no debes cometerlos. Acepta que si ya está viejo es porque ha vivido más, mucho más que tú y con la edad siempre te ganará en experiencia.

Pero sobre todo, recuerda que cada corrección que te ha hecho tu padre, la ha hecho porque te ama. Tu padre siempre ha querido lo mejor para ti. Su más grande sueño es que un día seas tú más que él. Y Dios le dio la autoridad de representarlo a Él ante ti, cuando tus errores te alejan de Él.

Da pues a papá un abrazo en su día y agradécele en voz alta por cada vez que te ha corregido. Él se sentirá bendecido al saber que ha formado un hijo agradecido.

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El día que Jesús Necesitó de su Madre más que Nunca

Tras perdonar al buen ladrón en la cruz, Jesús voltea la mirada y su dolor aumenta al extremo. No es el dolor de su cuerpo malherido agonizante. Lo que más duele a Jesús, es ver a su madre mirándolo así.

María llora en silencio. Siente que una espada traspasa su corazón.

Ella sabe que Jesús es especial, que fue concebido en su seno por obra del Espíritu Santo. Lo vio crecer y sonreír y ponerse serio cuando oraba. Lo oyó decir cosas que no comprendía, pero guardaba en su corazón. Lo vio hacer el bien a todo el mundo. María vio cientos de personas enamorarse de su hijo y seguirlo.

Ahora lo ve desnudo, malherido, sangrando, clavado en una cruz y a punto de morir.

Oye a los soldados burlarse de él. Se da cuenta que la sangre de su frente le escurre hacia los ojos. Trata de enjugarlos, pero no logra alcanzar.

Su pena es profunda, pero permanece en pie, fortalecida por el valiente amor de una buena madre. De pie, con elegancia y firmeza, da aliento a su hijo. El Evangelio no registra ningunas palabras de María ante la cruz. Permaneció callada. El asfixiante nudo en su garganta no le permitía articular palabra alguna. Sin embargo, como toda madre, María era capaz de decirle todo a su hijo sin decir una palabra. Bastaba con mirar a Jesús a los ojos para darle valor y esperanza.

Jesús se siente mal al ver a su mamá sufrir por él, pero la necesita a su lado. Todo hombre necesita de su madre. Él necesito una madre para hacerse hombre en su seno. Necesitaba de una madre que lo alimentara y cuidara, que le sonriera, que celebrara sus primeros pasos y que se regocijara con su compañía.

Jesús necesitaba de María, su maestra más importante en la vida. Ella le enseñó a decirle a Dios “Hágase tu voluntad” cuando nada parece tener sentido. Jesús incluyó esta oración que aprendió de María cuando enseñó a sus discípulos a rezar el Padre Nuestro. Esta oración le dio el coraje que necesitaba para dar el salto definitivo de fe sobreponiéndose al miedo que lo hacía sudar sangre en el Getsemaní: “Si es posible, aparta de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Marcos 14,36)

Ahora, a punto de morir, Jesús necesita a su madre más que nunca en su vida. Es el Hijo de Dios, pero también es un hombre verdadero. Y como tal, necesita sentir la presencia de su madre al morir. Su compañía lo hace sentir que no está muriendo solo. Su amorosa mirada le permite darse cuenta de que no está muriendo en vano.

¿Qué hombre en la tierra no lo daría todo por tener a su madre al lado de su lecho al momento de expirar? Jesús gozó de este privilegio. María se convierte en corredentora con Cristo para que la humanidad entera no se pierda, sino que crea; y creyendo, tenga vida.

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(Fragmento del libro Nuestra Familia al Pie de la Cruz, disponible en Amazon.com)

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Publicado originalmente en la columna Semillas de la Palabra de la revista Northwest Catholic.
(c) Seminans Media and Faith Formation. Todos los derechos reservados.

¡Alégrense! Es el Año de la Vida Consagrada

Se cumplen 50 años de la promulgación del decreto Perfectae Caritatis del Concilio Vaticano II, sobre la renovación de la vida consagrada. El Papa Francisco nos ha convocado a celebrar en 2015 el Año de la Vida Consagrada. Año dedicado a que aquellos que han respondido al llamado de Dios a consagrarse en la vida religiosa, redescubran y revitalicen su vocación. A la vez, un año para que toda la Iglesia reflexione sobre el valor de la vida consagrada.

Como punto de partida, el Papa Francisco ha exhortado vivamente a los religiosos y religiosas a vivir en la alegría. En la circular “Alegraos …”, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica subraya el Gozo del Evangelio explicado por el papa en su primera exhortación apostólica y recuerda que el encuentro con Jesús suscita la alegría. Alegría que, según Sn. Pablo, es fruto del Espíritu (cf. Gálatas 5,22) y cuyo manantial se encuentra en la oración, en la caridad y en la incesante acción de gracias. Alegría que se fortalece en la tribulación y en las pruebas.

Para Francisco, la belleza de la consagración es justamente la alegría. No cabe pensar en una monja amargada, en un consagrado seco y distante o en un hermano malhumorado. Estas actitudes anularían la belleza de su propia consagración. El papa quiere que todos los religiosos del mundo recuerden este año que la vocación a la vida consagrada es en esencia una vocación a la alegría que viene del Señor. Una alegría que es contagiosa para contagiar así al mundo de los valores del evangelio.

Recientemente, viajando a México, me crucé — seguramente por voluntad de Dios — con un sinfín de monjas: saliendo de misa, fuera del convento, en un hospital, en la calle y hasta en un café. A todas — sin conocerlas — las saludé y deseé un bendito y feliz Año de la Vida Consagrada. Todas me agradecían con una mirada llena de sorpresa y claro, de alegría. Nadie las había felicitado por este año dedicado a ellas todavía.

Te invito este año a que ores, ofrezcas la comunión y hasta tus pesares en sacrificio por las personas consagradas: de clausura, de la escuela, de las misiones, de los hospitales, de las parroquias. Y en toda ocasión, acércate a ellos y dales tu felicitación por el Año de la Vida Consagrada. Tus palabras sin duda los ayudarán a mantener viva la alegría y a redescubrir que su renuncia al mundo secular ha valido la pena. No sabes si la monja que felicites estará considerando colgar el hábito y tus palabras reenciendan el ardor en su corazón por seguir consagrada al Señor. El Espíritu obra de tantas maneras.

Y a ti, religiosa o religioso que lees estas líneas, te ofrezco mis oraciones este año: por tu vocación, por tu perseverancia, por tu valentía, por tu entrega incondicional y sobre todo, porque siempre puedas contagiarnos de la alegría que suscitó en tu corazón aquel instante en que el Señor se te acercó por sorpresa y susurró en tu oído: “Ven y sígueme”.

¡Apasiónate por nuestra fe!

Mauricio I. Pérez

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Publicación original en la revista Northwest Catholic
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